Adiós a Manolo Bello, el primer premio de solistas de la historia del Carnaval de Tenerife

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Hoy ha fallecido Manuel Bello, referente de las rondallas del Carnaval en particular y de la lírica en general. Ganador del primer premio de Solistas que se otorgó por primera vez en 1964, suma ocho máximos galardones y cuatro segundos. Su entierro se celebrará el domingo 9 de octubre, a los 12:30 horas, en el Tanatorio de Servisa, donde está instalado ya el velatorio.

Manuel Bello, segundo premio de solistas del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife en el Carnaval 1965. Interpretó “Himno a la alegría”.

Nacido en la calle San Juan Bautista el 1 de enero de 1932, Manuel Bello Alonso es uno de los solistas con más cólera del nuevo Carnaval. “Sólo” han pasado 43 años desde que se estrenó bajo la disciplina de las rondallas de la mano de la Unión Artística El Cabo y el carismático Faustino Torres.

“Era un hombre bueno y serio”, destaca Manuel Bello del maestro que abanderó la Unión Artística El Cabo. Sin querer incurrir en tópicos, matiza: “Tenía una magia especial. En 1962 canté por primera vez con las rondallas. Fue el fragmento de la zarzuela Ladrona de amores Moro del Riff, del maestro Alonso. A pesar de que he buscado las partituras, no he conseguido localizar ni oír ninguna con el brillo y la magia de los arreglos de Faustino”. Manuel Bello, tío del exconcejal de Relaciones Institucionales de Santa Cruz, Antonio Bello, es uno de los 11 hermanos, aunque él conoció a 8.

Aunque de cuna toscalera, su familia se trasladó a Tacoronte ante el temor de un eventual ataque del acorazado de la Marina “Jaime I”, que se mantuvo fiel a la República. Retornó a Santa Cruz, donde en 1937 se estableció en la calle de La Candelaria. Para esa fecha, la Masa Coral Tinerfeña todavía estaba junto a la plaza del Príncipe.

Hijo de Imeldo Bello y Leonor Alonso, este rondallero -o rondallista, como prefieren definir los puristas a los componentes de las agrupaciones líricas- recuerda cuando, siendo pequeño, veía a su madre salir con otras mujeres con la cara tapada. “Entonces el Carnaval comenzaba a las cuatro de la tarde y terminaba a las diez de la noche, y no como ahora, que a las once de la noche es cuando la gente empieza a salir a la calle… y se lo digo yo, que vivo allí”.

“Entonces el Carnaval se limitaba a la zona de la calle del Castillo y a las bromas de las máscaras. Las rondallas se involucraban mucho más que ahora dentro de la fiesta; ya no solo era su participación dentro del apartado vocal, sino que también daban una nota mayor de color al Carnaval. Celebraban sus concursos en la plaza de Toros y luego salían a desfilar. La gente los esperaba y la juventud se reunía con la última y las acompañaba desde la plaza de todos, la rambla, la plaza de La Paz, Rambla de Pulido, plaza de Weyler, calle del Castillo y plaza de España. Entre cada grupo había un pequeño espacio en blanco, el suficiente para que unos y otros no se molestaran cuando interpretaban sus pasacalles”, recuerda Bello.

A diferencia de los que ocurrió con el Carnaval, Manuel Bello se adentra en el mundo de la música por casualidad, pues en su familia no existía tradición. Tenía 17 años cuando, como era habitual a finales de los años cuarenta, Manuel acudía junto a sus amigos a la zona de la plaza de La Candelaria. “Muchos matrimonios de hoy surgieron de allí”, añade.

m28f4.jpgEra habitual reunirse todos los viernes y sábados las pandillas en aquel lugar. Sucedió que, después de haber escuchado discos de ópera, Manuel se atrevió a “remedar, más que a cantar” -según reconoce- algún fragmento. Para su sorpresa, Francisco Verano, de la Sección Músico Coral de la Masa Coral Tinerfeña, se acercó al grupo para elogiar la voz que acababa de escuchar. Sus amigos no tenían duda. El que había cantado era Manolo. Este anecdótico hecho le abrió las puertas a la lírica.

Pero antes vendría un proceso de formación, en el que Rafael Rodríguez Castro, Emilio de la Torre, Neima Romero, José Bacallado, Alfonso Romero, María Luisa Togores y el mismo Francisco Verano jugaron una baza fundamental con su amistad y apoyo.

Su primera zarzuela.- La primera zarzuela que interpretó fue “La tabernera del puerto”, con la Masa Coral y gracias a la invitación de Rafael Rodríguez, en los años cienta, secretario de la referida sociedad, aunque Bello lo define como el “alma mater” de esta institución con un escueto: “Lo era todo”. La zarzuela se presentó en la Masa Coral, para luego representarse en el teatro Leal, de La Laguna, y en el teatro Guimerá. “El canto marca mucho en la vida y Francisco verano fue quien me envenenó”, como le gusta decir.

En su trayectoria, Bello destaca su intervención en “Marina”, en el Estadio Insular de Las Palmas. “Cuando terminé de cantar, el público rompió con una ovación. Pensé que se había caído alguien, pero es que, como estaba también Alfredo Kraus, alquien me confundió con él por mi parecido físico, que no en registros, un mucho menos. Le pregunté a Alfredo qué había pasado y me dijo: En tu vida vas a tener una ovación como esta”.

En su proceso de formación, Manuel Bello conoce a Francisco Kraus, hermano del célebre tenor Alfredo, y a Agustín Morales, que brilló con luz propia en el Liceo de Barcelona. Junto a Francisco Kraus, Manuel decide trasladarse a Milán para estudiar con la que fuera profesora de Alfredo Kraus, Mercedes Llopart. De regreso a la Isla para disfrutar de la temporada veraniega, Manuel se traslada a Tenerife, sin saber que el destino y las obligaciones familiares le impedirían retornar a Italia.

Este revés no le restó ánimo. Un día, estando en la Masa Coral, alguien le invitó a participar en la rondalla del barrio de El Cabo, dirigida por Faustino Torres.

“Por aquella época, el concurso de rondallas se celebraba sin megafonía y Faustino había montado un número para el que no estaba la voz que necesitaba. Alguien le comentó la posibilidad de que me llamaran, pero el maestro respondió algo así como: no creo que vaya a venir porque es un pipiolo”, cuenta Bello con ojos aguados y una sonrisa cómplice, un tanto afrentado por creer quizás que rompe de forma implícita su humildad.

Para sorpresa de Faustino Torres, Manuel Bello acudió al local de El Cabo y escuchó el número que cantaba Luis Bobet. Era el fragmento de la zarzuela “Ladrona de Amores”, del maestro Alonso, “El moro del Riff”.

“Me atreví a proponerle a Faustino algunos matices, pero el maestro me advirtió que el solista no podía tener mayor preponderancia que el coro. Antes, el solista era una pincelada de los números”.

En 1964, en las IV Fiestas de Inverno, la organización otorgó los primeros premios para solistas en el certamen de rondallas, galardón que recayó en Bello.

“El fallo de las rondallas nunca llovía a gusto de todos”, destaca. En una oportunidad ocurrió que, estando Marcos Redondo como jurado de rondallas, Faustino Torres estuvo a punto de darle como una guitarra. “El lo había todo. Los arreglos musicales, las botas…”, comenta como disculpa. A partir de ese año, la organización reconoció que el jurado no podía estar formado por participantes del Carnaval y trajo al maestro Rafael Ibarbia, compositor y arreglista de RTVE.

m29f2.jpgAunque Bello protagonizó conciertos y zarzuelas en los cuarenta y los cincuenta con la Masa Coral, su estreno en el Carnaval llegó con El Cabo, aunque en 1965 volvió a la Masa. En su trayectoria, Bello ha alternado entre El Cabo, la Masa Coral y la Peña del Lunes.

Al igual que el Carnaval no ha reconoció de forma suficiente la labor de las rondallas, Bello cree que algo similar le sucede a la sociedad Masa Coral con su rondalla. Recuerda el esfuerzo que realizó con Paco Villega y Manuel Villaverde para sacar a la agrupación cuando desapareció de la sede de la plaza del Príncipe. “Fueron tiempos difíciles. Pasamos de ensayar en un local precioso, donde las columnas tenían forma de plataneras y en uno de los alones se alongaba un balcón canario, a tener que cantar de prestado en los años setenta unas veces en el antiguo Parque de Bomberos y otras en el hall del teatro Guimerá o en el sótano del hotel San José”.

Para Bello las rondallas no han encontrado su sitio idóneo. El cierra los ojos y, inexcusablemente, recuerda la plaza de España, año 1989. Motivo, Egipto. Entrada la noche, los focos iluminaban al Orfeón que interpretaba “Aida”.

“Las rondallas quedaron desplazadas por las comparsas, que revolucionaron el Carnaval en los años setenta, cuando irrumpieron en la fiesta. A su vez las murgas tienen ahora la preponderancia. Aprecio a las murgas porque se han convertido en un orfeón con una vestimenta estupenda. Las rondallas no es un espectáculo para sacarlo caminado, sino para actuar en un recinto”.

Desde hace 14 años, Manuel Bello trabaja en la ATAO.

En 1961, en las primeras Fiestas de Invierno, se subió con una rondalla. En aquella oportunidad interpretó la obra “Moro del Riff”, del maestro Alonso, bajo la dirección de Faustino Torres. En 1964 inauguró su palmarés, con un primer premio de Solistas por su actuación con El Cabo en la obra “Don Gil de Alcalá”. Era la primera vez que la comisión de fiestas premiaba a los solistas. Desde 1961 hasta 1984 cosechó ocho primeros premios y cuatro segundos por su actuación como intérprete en las rondallas El Cabo (1961-1964 y 1972), Masa Coral (1965-1972 y 1978-1984) y Peña del Lunes. Aunque desde hace 8 años Manuel Bello dice que ya no tiene “ni voz ni voto”, ahora mima y anima a los nuevos valores.

Entrevista publicada en El Día el viernes 18 de febrero de 2005, por Humberto Gonar

 

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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