Besay Pérez: “Una rondalla no me dará nunca lo que me ha dado una murga”

Besay Pérez (Santa Cruz de Tenerife, 1992) se muestra prudente y casi con temor de su decisión. Acaba de cerrar su participación durante dos años en Zeta-Zetas y con ellos su paso por las murgas, para regresar a su mundo, las rondallas. Aún así, se muestra agradecido y sincero: “Una rondalla no me dará nunca lo que me ha dado una murga”.

¿Cansado de Carnaval?
Cansado de los concursos.

¿Ya no es “concursero”?
Soy amante del Carnaval cansado de los concursos; son casi veinte años metido ahí.

¿Pero vuelve a concursar en las rondallas en 2019?
Pero tiene otro aire… El concurso no tiene esa repercusión mediática ni en la gente de la calle; el martes siguiente al concurso de rondalla ya se olvida porque el miércoles es la gala y se eclipsa todo. Subirte a las tablas del Auditorio y con El Cabo… es otra cosa. Eso no quita que reconozca que la cosa más maravillosa que yo he vivido en Carnaval, sin duda, han sido las dos finales con Zeta-Zetas.

¿Más que ver el Auditorio en pie y su abuela coreando su nombre?
Soy un nostálgico y tengo ahí mi corazón puesto, pero lo que yo he vivido en dos finales con Zeta-Zetas no lo he vivido ni con Sabandeños; hay que estar en una final de murgas. Después entiendes la pasión que hay entre murgueros, y hasta enfados. Este año viví la final soñada por Zeta-Zetas.

Y sin embargo no ganaron.
Recuerdo hacer concursos de rondallas como solista muy buenos y no ganar… y no por eso mi sensación deja de ser que fue mi mejor concurso. En 2015 protagonicé mi mejor concurso como solista, según reconoce mi director –Israel Espino–, y quedé tercero.

¿Por qué decide volver a las rondallas y dejar las murgas?
(Silencio). Por motivos laborales y porque no puedo seguir erosionando la voz en murgas. Ha llegado el momento de dar un paso a un lado. No siempre querer es poder; ahora mismo es imposible volver a subirme a una final. El año pasado dejé tres meses mi trabajo porque no era ético tampoco que mientras se estuvieran decidiendo asuntos de la organización yo estuviera vinculado. No es mi deseo ser una fuente de problemas sino hacer más fácil el trabajo.

¿Qué diferencia hay entre salir en murgas o en rondallas?
La exposición mediática. Uno en rondalla se expone una única vez, en el Auditorio; en murgas estás exponiéndote continuamente, y más en mi caso, que durante dos años fui el solista de las presentaciones de Zeta-Zetas.

¿Tiene la sensación de que lo que toca lo convierte en noticia?
No. He tenido la suerte de estar en los momentos adecuados. Ocurrió en Zeta-Zetas, con Pablo Moreno: cogió las riendas, en su segundo año, con la incorporación de gente de Rebotados y la explosión de Santi Martel como letrista. En El Cabo me he quedado sin premios, pero en los últimos años he sido más visible con Israel, con una línea más popular; he coincidido con un pedazo de solista como Javi Hernández y juntos hemos copado los premios en los últimos cinco años. El Cabo lleva 9 años ganando premios en solista. Mi boom fue 2017, que gané primero de solista, rondallas y murgas. Con El Cabo y con Zeta-Zetas, no solo.

¿Cómo desembarcó en la murga?
Javi Lemus y Pablo me dijeron que en su proyecto quería contar con Besay. Y dije que sí. Comencé con la presentación y acabé metido en todo el repertorio.

¿Volverá?
No hay nada escrito y no sé las vueltas que da la vida.

¿Merece la pena dejar su hobby?
Del hobby no se come. Ahora mismo mi labor profesional está vinculada el Carnaval y no puedo estar en misa y repicando. Y también lo he pasado mal económicamente por dejar de trabajar por salir en una murga. Pero… soy un enamorado de las murgas. Zeta-Zeta es como el primer amor; me pasa con la Peña en rondallas.

¿De qué se arrepiente?
De darte entrevistas. (Risas). Me arrepiento de haber sido tan bocazas. Al final uno no siempre puede decir lo que piensa, y menos en este mundo. Me arrepiento de haber dicho cosas que realmente no sentía, que en la cabeza suenan de una forma y en la boca, de otra. También conmigo se ha ido a machete estos dos años. Uno es artista, te expone y eres un blanco fácil. Hay cosas buenas y otras negativas.

¿Algo que le haya desencantado?
Nada. No voy a entrar ahí, ya le he dado bastantes titulares (se ríe).

¿Un murguero puede ser rondallero?
Sí, el ejemplo es la rondalla Mamel’s.

¿Y la voz?
La voz es un músculo, al final es como tú lo amoldes a un tipo de sonido en una época.

¿La final 2019 la verá de la grada?
Espero estar trabajando. La rondalla nunca compensará lo que me ha dado la murga. Son dos géneros totalmente distintos, y yo tengo 25 años, soy un pibe.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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