Besay Pérez: "Prefiero una final a 6, sin arrastrar puntuación y con solo una murga del Norte"

«Las rondallas tenían caspa que han perdido con Walkirias y Mamel’s y una nueva generación”

Lleva 15 de sus 23 años dedicado a la música, en la que comenzó por casualidad, gracias a sus abuelos, que lo llevaban de la mano a la rondalla Peña del Lunes. Fue el niño de la Peña y hoy es un solista de bandera.

Se escapaba de su casa para, de la mano de sus abuelos –parte fundamental en su vida musical– quedar con ellos en la parada de guaguas de Bravo Murillo, en la capital tinerfeña, y acudir a los ensayos de la rondalla Peña del Lunes 1965, en la calle de La Noria, en una casita donde hoy hay un restaurante. A sus 23 años, Besay Pérez, el niño de la Peña, puede presumir de estar vinculado durante 15 a las rondallas, en particular, y al mundo del folclore y la música, en general. Nacido en La Laguna, y el segundo de tres hermanos –el tercero es su mellizo–, asegura de forma tajante que es un enamorado de Santa Cruz. ¿Por qué? Por el Carnaval. “¿No te parece un motivo suficientemente importante: sus rondallas, murgas, comparsas, agrupaciones?”.
Precisamente hoy, 15 de agosto, día de la Patrona de Canarias, Besay Pérez lidera una generación que ha tomado con fuerza el testigo del folclore. Aunque admite que le gusta una isa o una folía, no oculta su pasión por la lírica. De hecho, si se le pregunta por una canción favorita o que marcara una etapa, evoca directamente “El Soldadito”, cuando ganó su primer premio de solistas con ElCabo en el Auditorio de Tenerife.
Pero, mirando atrás, asocia la voz de su abuela cantando, a la que él acompañaba mientras cocinaba. Y otra canción: “La Perla”, tema que interpretó en su primera participación en el concurso de las habaneras, junto a la Farola del Mar.
Después de cursar estudios en el instituto Andrés Bello, de Santa Cruz de Tenerife, se ha dedicado a la canción, aunque admite que le resta cuidar su voz. En sus primeros pasos musicales, de la mano de la Peña del Lunes, se inició con los maestros Roberto González Ramos, Fernando Hernández de León y, luego, Carmelo Pérez, aunque para él la tutela de Míriam Luz Fumero, en El Cabo, y luego Israel Espino ha sido decisiva, máxime porque Míriam Luz Fumero también lo dirigió en el coro de voces blancas.
De chico, Besay decía que de mayor quería ser cocinero o cantante… Al final el destino no llevó por la segunda opción, a falta de cocinar su voz. Pero le tiran el terruño, el Carnaval y sus rondallas. Su vida, la música, está ahora vinculada a la Unión Artística El Cabo y Los Sabandeños (grupo de música popular, que no foclórica solo, matiza); Isla del Nuevo Mundo Bimbache, de Benito Cabrera en El Hierro, o ahora Endecha. La proximidad afectiva y su admiración por el plus de profesionalidad que ve en Benito Cabrera no le impide admitir que el Himno de Canarias debería ser el Pasodoble Islas Canarias, y no el elegido, precisamente del propio Benito Cabrera.
¿José Carreras o Alfredo Kraus? Ante la disyuntiva, Besay Pérez se decanta por Carreras; tanto, que lamenta todo lo que le pasó. Pero para él, es todo un modelo, si bien este joven huye de las comparaciones. No quiere que lo vean como el nuevo Dacio Ferrera, de la misma forma que evita establecer un símil de Israel Espino como el nuevo Faustino Torres. En este particular, asegura que su “amigo, hermano y el mejor director de rondallas” ha sido un revulsivo para la UA El Cabo, y pone de ejemplo obras como “África” y “Disney”. “Es un revulsivo moral; trabajamos con emociones”, analiza al referirse a la selección musical de El Cabo en los últimos años que los ha llevado a coronar el pasado febrero el concurso más puro del Carnaval, el de rondallas, cuando se alzaron con el primer premio de Interpretación, en ausencia del Orfeón. Incide en la importancia de Israel para El Cabo. Aunque pueda parecer machista, dice: “Ser un director en un coro de hombres ayuda en la comunicación”. “Si el piano diabólico en el que golpea las notas hablara…”, apunta Besay.
“Conocí en la Peña del Lunes a gente muy buena, aunque éramos malos”, comenta con una sonrisa en su boca que dulcifica su crítico “do de pecho”. Admite que puede vivir de la música, aunque sin ostentación. Estar emancipado hace ya años es un lujo para él. No le duelen prendas al admitir que las rondallas han tenido mucha caspa, que poco ha poco la han perdido gracias a agrupaciones noveles como Walkirias o Mamel’s, junto a las nuevas generaciones que han tomado el testigo en la lírica carnavalera.
Besay Pérez no renuncia a sus orígenes, las rondallas, y el Carnaval, del que presume como tarjeta de presentación. Solista de la Peña (2000-2006), San Gerardo (2007) y en El Cabo (desde 2009), ganó dos primeros de solista en 2012 y 2014; y dos terceros, 2011 y 2015. Siempre con El Cabo. Es carnavalero de concursos y limita el Carnaval de la calle a su rondalla. Rondallero, y murguero, firme defensor de una final a 6 (en 2016 será a 7, y es polémico), cuatro fases, una final sin arrastrar puntuación (como se hará) y las murgas del Norte, en el Norte, y la ganadora, sólo esa, en Santa Cruz. “Hay que velar por el espectáculo, como dice la concejala Gladis de León”.
Con la asignatura pendiente de hacer más académico su talento innato, sueña con algún día ser recordado como el solista que amó las rondallas y el Carnaval.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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