Besay Pérez, un rondallero que da la murga

Con siete años, Besay Pérez (La Laguna, 1992) ya cantaba como solista en la Peña del Lunes. Sus comienzos están vinculados a sus abuelos maternos, Miguelina y Fernando (este último fallecido hace 10). Su abuela iba a hacer el solo en la habanera «La Perla» y le cedió el testigo. Aquel «que lo cante él» fue como la madre (en este caso, abuela) que suelta al niño y comienza a caminar solo. 17 años después, Besay ha pasado de ser «el niño de la Peña» a la «voz de El Cabo». Una excepción en la tendencia murguera: 24 años y se define rondallero, pero siempre carnavalero.

Miembro de la Peña, dirigido por Fernando Ramos, Roberto Ramos y Carmelo Pérez; en San Gerardo, con Tomás Fariña, hasta desembarcar en El Cabo, primero con Míriam Luz Fumero y luego con Israel Espino, amigos y maestros.

Cuando se le pregunta por su primera canción, «solo» responde: «Mi primer recuerdo es la Peña». Su abuela llevaba la cantina, por lo que para él la gente del Carnaval es su familia. Casi se le rayan los ojos al recordar al recientemente fallecido Manolo Bello, o a Pepito Pérez. «Iba a comer las arepas en Diablos, compraba golosinas a Mamelucos, desayunaba en el Cervantes…».

A Besay le duele aún cuando la Peña le dio de lado por Giancarlo Santelli -un solista consolidado frente a un niño-, sin que eso empañe su agradecimiento a esa etapa, en especial a Fernando Ramos, su primer director, o al presidente José Cabeza, uno más de su familia.

Ganador de dos primeros de solistas (2012 y 2014) y tres terceros (2011, 2015 y 2016), Benito Cabrera lo fichó para Sabandeños en 2011. La pasada navidad fue solista invitado con la Orquesta Sinfónica de Tenerife en el Concierto de Navidad. En la actualidad, después de José González, bajo del Orfeón, es el solista de rondallas más veterano. Y tiene 24 años.

Si en 2016 fue jurado de murgas, en febrero subirá con Zeta-Zetas, en una experiencia que es «flor de un día». Admite: «La mejor murga de los últimos 15 años es Bambones», y destaca la calidad humana de Zeta-Zetas, donde «se siente joven».

¿Por qué salir en una murga alguien que tiene una voz privilegiada? ¿No se puede viciar? Lo tiene claro: «Es como vivir muchos años en un edificio y no visitar la tercera planta». Besay dice que para que las rondallas recuperen la popularidad de las murgas es preciso «rejuvenerse». Aclara: «Ser mayor no es cuestión de edad, sino de actitud». «Hay gente en la federación de rondallas que vive en la época de la plaza de toros».

En febrero cantará al jurado que integró el año pasado. Falta saber si, como en 2016, estará en fase y luego en final, aunque su do de pecho lo dará con sus rondallas.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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