Coso con obertura y desorden de Carnaval

El desfile del Martes de Carnaval de Santa Cruz arrancó de forma espectacular para, en una hora, desinflarse y diluirse en una avenida en obras.

El coso del Martes de Carnaval de la capital tinerfeña, que se celebró desde las 16:00 horas hasta poco después de las 20:00 horas, para terminar con baile incluido en la plaza de Candelaria con el mismísimo Pepe Benavente, tuvo dos partes claramente diferenciadas. La primera, de poco más de una hora, atractiva, espectacular, dinámica, carnavalera, con mucha fuerza: era la inauguración del desfile de manos de la Afilarmónica Ni Fú-Ni Fá –dirigida por Cándido Acuña que se estrenaba en este recorrido con el grupo de Enrique al frente–, para seguir con la carroza de la reina, Soraya Rodríguez, con su diseño ganador, “Volare”, de Santi Castro, para el Centro Comercial Meridiano.A partir de ahí, las comparsas Cariocas, Joroperos, Rumberos y Danzarines Canarios –las cuatro mejor clasificadas– dieron paso a las tres murgas ganadoras en Interpretación –sorprendió que salieran tan rápido Bambones, seguidos de Diablos y Mamelucos–, para continuar con las tres murgas infantiles. Algo similar ocurrió con rondallas, de las que algunas desfilaron entonando su pasacalle. Entre estos bloques, las carrozas de las damas de honor, la gran asignatura pendiente de la organización, pues no embellece las plataformas.
Esa era la obertura del coso. Después, pareció como si alguien hubiera cambiado de canal o la organización se hubiera ausentado, y no se venía sino un desorden de grupos entremezclados. No había orden. Ni sentido. Solo un punto de partida, cerca del monumento a Franco, y la meta, en las proximidades de la ermita de San Telmo, cerca de la feria. Como si alguien hubiera adelantado alguna atracción, en la avenida de Anaga alguno tuvo que meter barriga para pasar por una acera con una hilera de sillas por las obras. Todos los martes de Carnaval hay coso y, el de ayer, fue peor que la primera vez…

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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