Crónica Fase 1: Diablos levantó al público de los "bancos"

Los trónicos marcaron la primera fase y el resto pivotó en temas: Zeta-Zetas («Sepulturero»), Guachi («Monumentos») y Desbocados («Futbolín»). Trapaseros fue un gran musical.

 

La primera fase de murgas adultas del lunes en el recinto ferial marcó el regreso de Diablos, que, buscando otra acepción a los bancos que cantaron, también levantaron de ellos al público. Si Diablos fue la murga, el resto se la jugó a un buen tema: Zeta-Zetas, con «El sepulturero»; Guachipanduzy, con «Monumentos vivientes», y Desbocados, con toques de calidad, en «El futbolín». Fue lo más significativo de la velada con dos murgas infantiles -Distraídos, telonera, y Desinquiet@s, que se hizo grande a base de insulto y entró en concurso-, más la gran compañía musical Trapaseros y seis murgas adultas.

Los teloneros Distraídos aprovecharon su puesta en escena para dar «leña» a la Televisión Canaria por no emitir su actuación del lunes. Luego, su tema de concurso, «Fábrica de niños», de gran calidad.

A las nueve arrancó el concurso con obertura al estilo Azpilicueta. La mejor de las últimas cinco galas adultas. La actuación de Trapaseros, segundo premio de Interpretación 2012 y ganadores del certamen del Norte de la pasada edición, es digna de una gira. Otra cosa es si es más o menos murguero.

Su primer tema, «El culebrón», una telenovela, capaz de mezclar a Rajoy y Montoro, con caballo de cartón. Toque de calidad la declaración de amor en plan Pimpinela al rescate europeo para, de pronto, quedarse en calzoncillos… Debe ser cuestión de guion de telenovelas, cada vez más dadas a escenas de cama… El tema fue de más a menos. Pero luego llegó «El rey león». El musical del Carnaval. Y se comió a Trapaseros, la letra de la canción y el arranque de la fase. Un espectáculo en toda regla. Magnífico. Jirafas y elefantes que hacían de políticos o hienas, como la oposición… Trapaseros fue una tarta exquisita de merengue que corrió el riesgo de empalagar con tanto despliegue espectacular. Desde luego, el lunes demostraron su divorcio del estilo bambón, por más que Julio Alexis Fernández sea también su director musical junto con Rasgüel Chávez.

Seguir a Trapaseros, y más a los «reyes» de la sabana murguera, parecía un reto imposible para cualquiera, y más para Desbocados, que, por mantener el símil de su primer tema, y una joya, «El futbolín», están a mitad de la tabla.

Los de Carlos Casanova fueron originales con una modesta puesta en escena; parecían cantar en un futbolín, en consonancia con su fantasía. La letra, de calidad, al establecer símlies deportivos con la vida real o, en especial, en el momento de hacer la quiniela. Siguieron con «El inspector», segundo tema de contenido, pero que fue a menos, hasta ser cadente la selección musical y la interpretación según inspeccionaban la situación en los ministerios. Tal vez quedó muy lejos o con mucho contenido la letra. Y larga. Muy larga. El montaje musical, de Rubén García (Rebobinados).

En tercer lugar, Zeta-Zetas. La segunda murga más equilibrada en su actuación. Con José Cortés, «El pirata al frente», transmitieron magia en su presentación. El primer tema, «El sepulturero», una demostración del ingenio de su director musical y también letrista David Padilla, capaz de sacar punta al epitafio de la tumba del CD Tenerife («Ven y abónate») o las coronas a Doña Democracia, para enterrar a Cho Vito. El único, pero cuando incrustraron la referencia a políticos y banqueros. Pero el esplendor de «El sepulturero» se lo comió el segundo tema, «Caníbales», donde lo más divertido fue decir que Ani Oramas no le daba para nada y Gonar, para tres semanas. La exquisita actuación musical -«a pumba jey, a pumba jey»- también distrajo un poco la calidad de la letra.

Ni Muchas-Ni Pocas se presentaron con Laura Sierra, que han mejorado de forma notable en su calidad musical. Se les entiende, pero a la letra le faltó pólvora; no crítica, sino gancho. Se hicieron escuchar y recordaron las letras de antaño. Su fantasía, de Palmiro Díaz.

Los Que Son Son actuaron en quinta posición, con Acaymo Correa al frente. Es una murga en busca de estilo. Intentan por no cantar tan roncos pero… no terminan de conseguirlo. Su primer tema, «Las Olimpiadas»; el segundo, «La maquinita expendedora», una búsqueda por ser comerciales que no despegó.

Se estrenaron luego Desinquiet@s. Dirigidos por Nauzet Campomar. Suenan muy bonitos para contar cosas tristes, como el padre que renuncia de su hijo por ser gay en «El sicólogo». Su segundo tema, «La juguetería», un desorden de letra que también sonó bonita pero al terminar de escucharla había que ir al sicólogo para buscarle sentido.

Guachipanduzy actuaron en séptima posición. Son sensacionales. Hicieron al estilo Diablos pero al revés. Comenzaron desnudos para seguir el repertorio hasta acabar vestidos. Su tema estrella, «La noche de los monumentos vivientes», en el que establecen un diálogo con el Chicharro o la Estatuta de la Fecundidad. Genialidad. El primero, «Los eruditos», más espesa su letra con actualidad social.

Cerraron la noche Diablos Locos. Fueron un manantial murguero en un desierto de chispa. Con el encanto y la magia trónica, sintonizaron y despertaron al público. El primer tema, una letra bien armada, «Una de bancos», en la que explican y detallan diferentes acepciones: bancos de voz -homenaje a César Fernández Trujilo-, bancos de semen o el banco de Maspalomas, con su canto al canarión. Muy divertidos. La joya, su segundo, «Una canción para cada situación», donde Víctor Asensión confirmó su regreso a la primera división. Maxi Carvajal disfrutó e hizo que la murga conectara con el público. El tema busca una canción popular para cada situación que denuncia. Sin duda, los mejores de la fase, algo que sus compañeros también le pusieron fácil, por más que ellos se lo curraran.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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