Avenida Joroperos

La comparsa lagunera revalidó por cuarto año consecutivo su reinado en la calle, con un veredicto similar al del año pasado. Ritmo y Armonía es con mucho el concurso más espectacular del Carnaval.

Joroperos logra otro año histórico, con casi un triplete. Al segundo de Interpretación y primero de Presentación, anoche sumó el máximo galardón en la calle, cuarto consecutivo de la formación de Fernando Hernández.

La avenida de Anaga acogió anoche el concurso más espectacular del Carnaval. De las innovaciones anunciadas -más luz y un animador bilingüe-, se cumplió la primera, lo que facilitó que el público disfrutara del esplendor de las coreografías que entraron directamente en un pulso con el colorido de las fantasías.

Tras la participación de Tropicana y los elementos caribeños de la gala, abrieron el tiempo de concurso Danzarines Canarios, dirigida por Luis Hernández. Poco a poco cobró esplendor el desfile.

Detrás de Danzarines, tomó el relevo Tabajaras, que volvió a apostar por la fuerza de su percusión, en una formación más comparsera. En tercer lugar, uno de los siempre favoritos, Joroperos. Los de Fernando Hernández venían con hambre de calle, tras los famosos dos segundos a los que se quedaron en el concurso. Jugaron con la calle. Para adelante, para detrás; animando al público que acotaba, y desbordaba, el río de ritmo y armonía en la avenida de Anaga, y para dar esplendor usaron los bailarines unas banderas que contribuían al contraste con el colorido, trayendo a la memoria un poco de Brasil, por el verde de las banderas, que combinaban con naranja (que no amarillo carioca; perdón, de Brasil). Entre las miles de figuras de baile, al final, un grito: “¡Joroperos!”.

Seguían intentando tomar el pulso los de Isauro Rivero, Valleiros, que tras el año sabático de 2016 volvieron a pelear este Carnaval en el escenario, primero, y ayer en la calle. Llamativo el juego de espaldares de las bailarinas de la parranda, que desfilaban con un “sol de plumas” y, de dos tandas y al grito de “1, 2, 3”, le daban un giro y se convertían en el espaldar. Un mecanismo de ingeniería.

En el ecuador del desfile, Rumberos, la comparsa madre, con una fuerza terrible que levantó hasta el asfalto de la avenida de Anaga, para dar paso a Río Orinoco. El diseño, y en particular las bailarinas “tigresas”… sensacionales, y encima entregadas al baile. Si hacía falta más fuerza, su percusión, con grito de guerra: “Orgullo de Taco. Fuerza, ritmo y color. Llegó Río Orinoco”. Y se notó.

Tomaron el relevo Cariocas, otros de los favoritos y con el aval del primero en Interpretación. Se notaba un trabajo exquisito y milimetrado, hasta el punto de que el director de la parranda, Tano Mujica, hasta llevaba un “walk talk” para controlar los tiempos y los espacios. El color de las fantasías bailó también con Cariocas.

Cerraron el desfile Bahía Bahitiare, con un exquisito desafío al suelo y agilidad a raudales de su cuerpo de baile. Llamaba la atención la habilidad de su director de percusión para con un característico silbo colocar la comparsa.

Y cerrando el baile, Tropicana. Elegancia, fuerza, comparsa. Vinieron a pelear por el cartón.

Con más expectativas por el anuncio de innovación, que no fue tanto, las nueve comparsas protagonizaron un exquisito concurso de Ritmo y Armonía.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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