Del cartón piedra a la era digital

La fiesta de la máscara chicharrera cerrará en 2013 una era. Atrás quedan el cartón piedra y la lona para entrar en una escenografía de luces led.
SI la comparsa es el número estrella del Carnaval que sirve como reclamo de la fiesta para ganar turistas y visitantes, el decorado de la fiesta de la máscara es la tarjeta de presentación que permite medir la riqueza o la cantidad de dinero que invierte la organización para dar cabida a los concursos y, en especial, la gala. Fue precisamente la elección de la reina la que dio sentido a la creación de escenografías espectaculares, y hasta se terminaron por convertir en los “enemigos” de los diseñadores de los trajes de las aspirantes, pues creaba un pulso artístico: ¿qué lucía más el día de la gala, la fantasía de las “niñas” o el decorado en sí? En ese duelo, los creadores de los trajes fueron ganando enteros, con majestuosos trajes, tocados espectaculares y fantasías de hasta dos caras y alguno confeccionado hasta con hilo de luz y en forma de “infable”, como el de “Pachá entra en mis sueños”, de Carlos Nieves.
En la década de los años sesenta, Los Fregolinos consiguen la explotación de la plaza del Príncipe, con la condición de que tendrían que decorarla. Quizás ahí comenzaron los primeros decorados al aire libre y que, antes de que la gala se desarrollara bajo el cielo de la noche chicharrera, se adoptó al teatro Guimerá. Este recoleto aforo, de escueta capacidad –apenas unas 800 personas– albergó los primeros decorados que realizó Alejandro Cabeza, carnavalero de vocación, bombero de profesión y escenógrafo de dedicación cada vez que llegaba febrero en la década de los años setenta.
Pero los trajes de reinas crecían, y con ellas el espectáculo. De directores de la tierra, como Ignacio García Talavera (1973-1978), Ana María Gil y Camilo Vera (1979), Ernesto Galván Tudela (1980) y Francisco Hernández Verano (1981), se dio del teatro Guimerá a la plaza de toros. El objetivo, conseguir el más difícil todavía. El último responsable artístico del Guimerá fue Sergio García, a quien se le encargó preparar el salto a la plaza e toros que luego “coronara” José Tamayo. Comenzaba la búsqueda de nuevos espacios y creaciones originales. Del escenario de cartón piedra del Guimerá se dio el salto a uno circular, algo impensable para algunos. Para apuntalar los preparativos, el equipo de 1984 que formaba el alcalde Manuel Hermoso, el entonces concejal de Fiestas MiguelZerolo y el incombustible Juan Viñas contaron con el asesoramiento de Gil Parrondo, que incluso llegó a optar a los Oscar de Hollywood.
El Carnaval solo permaneció hasta 1988 en la plaza de toros y pronto dio el salto a la plaza de España. Era el vacío, o un universo para el Carnaval. Donde el techo era el mismo cielo, abierto a la originalidad inmensa de los diseñadores.
En 1989 se hace el primer decorado al aire libre y se celebra la primera gala a la intemperie, sin más refugio que el macizo de Anaga. Fue un año generoso, económicamente: Egipto, un decorado que se realizó con fibra de vidrio, con láseres que salían de los ojos de las dos esfinges y con una robótica que hacía mover las seis columnas del decorado. La idea, de Chicho Ibáñez Serrador; el sello, de Jaime Azpilicueta, un director de espectáculo que más prestigio artístico le ha dado alCarnaval y que marcó un antes y un después en las escenografías.
En su equipo, en 1990, contaría con el mismísimo Mario Vanarelli. El ayuntamiento ya había advertido que no estaba por la labor de volver a gastar los 75 millones de pesetas del decorado de Egipto. Aún así, los cuentos infantiles, recortó el presupuesto hasta los 40 millones sin hipotecar la espectacular. Para Azpilicueta, la obsesión era la tridimensión.
Azpilicueta es sinónimo de los escenarios más espectaculares del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife.
En 1996 se inaugura el recinto ferial. Parecía la panacea; además parecía más que justificado, y obligado, que el Carnaval se trasladara allí para demostrar la idoneidad del lugar. Técnicamente era el lugar idóneo; incluso ante la adversidad meteorología. Pero “acható” los decorados y los convirtió a la dimensión “cinemascope”.

Unos años antes, en 1994, Justo Gutiérrez dio el salto de los trajes de reinas al diseño de escenografía. Parecía que se abría la evolución: una vez el diseñador disfrutada las miles del éxito en los trajes de reinas, se abría nuevos horizontes. Y así ocurrió también en 1997 y 1998, de la mano de Justo Gutiérrez, con Hace un millón de años y luego La Edad Media.
Del recinto ferial se dio el salto a la plaza de España en busca de “respiro”, con escenarios más espectaculares. Pero faltaba Azpilicueta, y no se consiguió la espectacularidad. La majestuosidad se intentó sustituir como sinónimo de escenario televisivo, y se apostó por Paco Bello, en 2003. Era la cara b del cartón piedra. De los decorados artísticos de Alejandro Cabeza se pasó unas tablas pintadas para dar el “pego” por la televisión. Y la gala volvió al recinto en 2006, con paréntesis en 2008 en la explanada del parque marítimo.
En 2013, y tras las pruebas de pantallas led en 2011 y 2012, el decorado es virtual. Donde una gran pantalla de 60 metros de ancho por 8 de alto “jubilará” la triste lona llamada decorado en ediciones anteriores.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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