«El Carnaval es de todos, pero no es de nadie en particular»

JUAN VIÑAS ALONSO EXGERENTE DE FIESTAS DEL CARNAVAL DE TENERIFE (1971-2004)

Juan Viñas Alonso es un hombre de El Cabo. Nació en las Cuatro Torres, donde hoy se levanta el rascacielos de la capital tinerfeña, frente a donde vivía Faustino Torres, «alma mater» de la rondalla El Cabo. Con 8 años se fue a vivir con sus abuelos paternos a la calle de La Noria. «Soy el más antiguo aquí», comenta. En su familia se respiraba carnaval. Su padre militó en la rondalla Echeyde, junto a Pepito Pérez y Faustino Torres. Viñas estuvo en la organización del Carnaval de 1971 a 2004.

¿Cuál fue su primer trabajo?

Comencé en el ayuntamiento de Santa Cruz en 1962.

¿Cuándo comienza en Fiestas?

Me incorporé en 1970 o 1971.

¿Quién mandaba en Fiestas?

Ernesto de la Rosa, de quien aprendí el control de los duros, y Juan Domínguez del Toro era el tesorero. Isaac Jiménez Calvo entró también siendo alcalde Javier de Loño. Nos reuníamos oficialmente los jueves a las cinco de la tarde, donde hoy está la junta de gobierno en la sede del ayuntamiento, que entonces era la comisión permanente.

¿Cómo llega a Fiestas?

Ernesto de la Rosa me mandó a buscar; yo era por esa época jefe de Negociado y Transportes del ayuntamiento. Ernesto me metió colaborando con el secretario y el administrador. El secretario dejó el puesto en 1972, y yo pasé a ocupar esa responsabilidad; luego se marchó Ángel Emilio Rojas en 1973 para Cespasa, la empresa a la que se adjudicó por primera vez el servicio de limpieza. Ernesto de la Rosa me pidió que me hiciera cargo de la administración porque consideraba que era la persona ideal. Coincidió que ese año había retomado mi carrera de Derecho y había aprobado Derecho Administrativo. Le dije a Ernesto que quería acabar la carrera y que no podía asumir el cargo. Al día siguiente me llamó el alcalde Javier de Loño, me dijo que lo sentía mucho pero que tenía que aceptar el cargo porque era de mucha responsabilidad. El presupuesto era de 6 millones de pesetas…

¿Dónde estuvo la primera sede de Fiestas?

La primera fue en el mercado viejo, en la calle Santo Domingo, frente a la taquilla actual del teatro Guimerá. Era una habitación, con un servicio, una mesa de reunión y al fondo la mesa del administrador. ¿El personal? Ángel Emilio Rojas y Aproniano Palenzuela. Tanto Ángel Emilio como Aproniano fueron dos funcionarios compañeros de una valía extraordinaria. Antes estuvo Andrés Pages de administrador, al que, tras su fallecimiento, sustituyó Ángel Emilio. Yo estaba de ayudante. Me impresionaba que no se hablaba de bases, sino de subvenciones. Querían subirlas y no había dinero. He tenido la suerte de haber trabajado con muchísimas personas: funcionarios, compañeros, colaboradores, pero recuerdo muy especialmente a dos muy unidos a mí: Pepe del Rosario y Pedro Méndez.

¿Por qué fue el declive de las rondallas, cuando era el género rey en los años sesenta?

Las rondallas no bajaron, sino que las comparsas las superaron en la plaza de toros a partir de 1979, aunque ya habían comenzado a salir en 1966. Cuando irrumpieron las comparsas fue un impacto grande. La gente las prefería. Igual pasó en 1988 y 1989 con las murgas.

¿Qué hizo grande a las murgas: su calidad o el lugar… el salto a la plaza de España?

El revulsivo fueron las letras de las murgas. Metimos en la plaza de España unas columnas de sonido de calidad. La final de murgas es el concurso con más público, más que en la gala, que este año estaba llena.

¿Hace falta un sambódromo al Carnaval?

El Carnaval está aquí, en el centro; intentamos llevarlo sin éxito a la plaza de Weyler, que pusimos un escenario, y otra vez para el Real Club Náutico, y nada. Es en este entorno de la plaza de España. Es asombroso. Y lo fastidiaron con lo que hicieron con la plaza de España, y también quitaron el calor de la Rambla de Pulido; Ramón y Cajal está bien, pero no es igual. El ayuntamiento tenía que haber comprado la plaza de toros, colocar un escenario donde está el toril, ocupando una cuarta parte, y en el resto para localidades. Después tiene catorce palcos de diez sillas. Tenía una acústica espectacular como probó incluso Carlos Munguía, de Los Fregolinos, cuando buscábamos una alternativa a la plaza del Príncipe, que estaba en obras.

¿El Carnaval era la mejor campaña electoral de ATI?

A veces digo que CC le debe mucho a la gente del Carnaval.

¿Se puede considerar a Manuel Hermoso como uno de los padres del nuevo Carnaval?

Sí. Hay dos personas importantes: Ernesto de la Rosa y Manuel Hermoso, que además corresponden a dos épocas distintas. En los años setenta se pusieron los cimientos del Carnaval.

Una época franquista.

Sí, ¿y qué? En el año 1976 pusimos fuera del Guimerá un cartel anunciando el Carnaval. Se trabajó muy duro. Una anécdota. En 1972 a las murgas se les daba de subvención 30.000 pesetas: 15.000 antes de Carnaval y el resto, después. Las primeras 15.000 se las dábamos en especie. Hicimos unos banderines para venderlos. Otra cosa que hicimos, el programa. Contratamos una opción de compra de un apartamento en Los Cristianos. Hicimos rifas y les dimos los boletos a los grupos para que los vendieran.

¿Y sortearon el apartamento?

Recuerdo que estábamos haciendo el recuento de los talonarios para hacer el acta y cada uno de nosotros llevaba mil pesetas en boletos. Estábamos oyendo la radio y salió el número; cuando lo oímos nos sonaba, y un jolgorio cuando vimos que el número no se había vendido. Fue en 1972, como si nos hubiera tocado a nosotros. Esto ayudaba a pagar a los grupos. Antes si te pasabas de presupuesto te la jugabas.

¿Por qué decidieron irse en 1985 del Guimerá a la plaza de toros?

¡Fíjate tú qué trajes! Por los pasillos del teatro Guimerá pasaban los trajes. El 90% eran de costureras; estaba el Miguel Delgado «Mudo», Isabel Coello…

¿Quién propuso que fuera Tamayo director de la gala en 1985?

Isabel Coello. Era muy amiga de don José y también de Mary Carrillo. Estaba Ani Oramas de concejala y se lo dijo. Estuve una mañana con don José viendo zonas, porque tampoco quería un teatro. Fuimos al parque de La Granja, la plaza de España y la plaza de toros, y la eligió. Hasta pensó en sacar a la reina en una grúa, que luego no lo hizo… (se ríe). El ayuntamiento tuvo que haber comprado la plaza de toros.

¿Es cierto que tuvo que ir al hotel y sacar a José Tamayo de la cama para que fuera a dirigir la gala?

Sí, fuimos Ana Oramas, Miguel Zerolo y yo. Parece que lo estoy viendo. Fue cinco o seis días antes de la gala. Pienso que a lo mejor no lo tenía preparado. Don José era un enamorado de esto, hasta se compró un piso en Ifara para residir aquí.

¿Con cuántos alcaldes trabajó?

Joaquín Amigó, luego Doblado Claveríe, Javier de Loño, Ernesto Rumeu, Leoncio Oramas, Acuña Dorta, Hermoso, José Emilio García Gómez y luego con Zerolo.

¿Cuándo se creó la comisión mixta del Carnaval?

En septiembre de 1981; el primer Carnaval de Manolo Hermoso fue en 1980, porque había tomado posesión en 1979. Fue presidente Antonio Buenafuente en 1980 y 1981. En el Carnaval 1982 se estrenó la comisión mixta, presidiéndola el alcalde. Formaban representantes de los grupos políticos y un representante de cada modalidad, como rondallas o murgas, también de instituciones, como el CIT, con don José Sabaté. Antes de la comisión mixta existía la comisión de fiestas, que se constituía cada año, que era aprobada por la comisión permanente. La comisión mixta fue la que tuvo los primeros estatutos, eminentemente gerenciales. Hermoso me encargó la gerencia. Era hasta el ordenador de pago por delegación del alcalde. Mis relaciones con empresas y proveedores nunca fueron muy coordiales por mi carácter, no quería que existieran lazos afectivos con gente con la que después tenía que discutir presupuestos.

¿Cómo surgió que Santa Cruz fuera a ayudar a Las Palmas a retomar su Carnaval, hace ahora 40 años?

Eso fue en 1976. Para la reserva de billetes, Ernesto de la Rosa me entregó una relación de billetes en la que yo estaba incluido. Cuando me vi en ella le dije a Ernesto que yo no iba a Las Palmas. Se cogió su cabreo, por supuesto, pero este niño se quedó aquí. En el chicharro. Embarcaron a Ernesto porque le calentaron la cabeza, llevaron a los Brasileiros, hicieron un King Kong en El Toscal y lo llevaron para allá…

¿Encajaba bien las críticas?

Las críticas son necesarias porque te abren los ojos. Cuando las analizaba y sabía que no tenían razón, las archivaba y pasaba. Cuando tenían razón me cogía unos cabreos… y me preguntaba por qué no me había dado cuenta antes; yo y la gente de mi entorno. Todo el equipo.

¿Es más de crítica o de humor?

Me gusta más el humor. Se habla de Cádiz y sus chirigotas… ¡leche! ¿Qué hace una chirigota al lado de una murga nuestra de categoría? Las chirigotas son doce tipos cojonudos y es humor que pasa casi desapercibido por la gracia. El trabajo que conlleva la letra y la murga no se puede comparar… El Carnaval de Santa Cruz de Tenerife siempre ha sido música y humor.

¿Cómo se le ocurrió a Santa Cruz ir a batir el récord Guinness?

Una idea de Zerolo y no sé si también de Paco Padrón. Recuerdo que estábamos en la azotea del Casino Opelio Rodríguez Peña, Manuel Hermoso, Miguel Zerolo, el arquitecto del ayuntamiento, el jefe de la Policía y un servidor con un plano de la zona que calculaba el metro cuadrado con cuatro personas: desde la plaza de España para arriba hasta Peceño, no cabía nadie. Luego Cabildo, Correos, San José…

¿Cuándo fueron los primeros grandes bailes de noche de Carnaval?

Fueron en 1986 y 1987. Aquí se trajo a las mejores orquestas y el rayo láser de la iluminación.

¿Le gusta los Carnavales de Día?

Sí, hombre. Al principio tenía mis reparos; pero la gente sale. Es impresionante. Ha sido un acierto muy grande el escenario de la avenida de Anaga. Tiene un ambiente formidable. También estaba muy bien la calle San Francisco, la plaza Candelaria… Este año estuvo formidable el carnaval en la calle.

¿Se disfrazaba?

Antes… buf. Después de la cabalgata venía para mi casa en La Noria y estaba de vuelta a las tres o las cuatro de la mañana. De gitana tengo una colección. Una vez salí de charlestón; me pintó Enrique González y no me conocía nadie.

¿Qué debe envidiar el Carnaval de Tenerife al de Las Palmas?

¿En Las Palmas hay Carnaval? Ni me he fijado nunca. Recuerdo la anécdota con el alcalde Félix Álvaro Acuña Dorta, que me trataba como un hijo. Una vez, para meterse conmigo, me dijo: ¿Sabes lo que te digo? El Carnaval de Las Palmas te va a pasar la pata por encima a ti; le dije: alcalde, a partir de este año, cien años de ventaja, y me llamó fanfarrón (se ríe).

¿El Carnaval ha tocado techo?

Yo tengo una fe increíble. Pienso: ¿quién ha hecho esto? ¡Miles de personas! No se puede venir abajo porque tiene una base increíble y todavía hay cosas por inventar. El Carnaval es de todos, pero no es de nadie en particular. El 90 por ciento de la población de Santa Cruz es carnavalera; en la dictadura nadie preguntaba cuánto se gastaba en las fiestas. Luego hay un 5% que está en contra del Carnaval, y luego hay otro 5% que le da igual. Una vez me contó un componente de Tronco Verde que un sábado de carnaval que estaba prohibido la mitad de la rondalla durmió en comisaría esa noche. Eso, sí, el domingo salieron otra vez. Fue en 1951 o 1952.

Pero falta un museo.

A mí me faltó cuidar más la historia; estaba muy metido en la organización de cada año. Del Carnaval ya se tenía que estar recopilando cosas. Adán Martín era un imaginativo de mucho cuidado y con gran capacidad de trabajo. Adán pensó en el solar del Campo Castro, frente a Triqui-Traques (que tiene mil metros cuadrados) hacer sótano, depósito, primera planta de oficinas, segunda de exposiciones… Me acuerdo cuando pusimos las plumas en la corona de la plaza de toros. Esa noche cayó un palo de agua a las tres de la madrugada; la lluvia me despertó. Cuando entro en la plaza… Estaba toda anegada. Llamé a Manolo Hermoso, y me dijo que llamara a bomberos y él a Adán. En media hora estaban allí. Entre los dos sacamos los equipos de sonido.

¿Es partidario de celebrar el Carnaval en un calendario fijo que no respete la Cuaresma?

Estamos en Cuaresma ya. Pues ya se terminó el Carnaval. Una vez hicimos la Piñata chica; creo que fue en 1982. Llovió muchísimo. Los feriantes se quejaron porque habían tenido pérdidas. Enrique González y Nicolás Mingorance se vistieron de negras, y se presentaron en el ayuntamiento con una instancia pidiendo Piñata Chica debido al mal tiempo. Una vez registrada la instancia se la subieron al alcalde, Manolo Hermoso, quien decretó conforme, pase a la gerencia de Fiestas. Fue de los días más grandes de Carnaval que recuerdo. Eran las seis y cuarto de la mañana y la calle estaba de bote en bote. Hice lo que dijo el alcalde: dos orquestas contratadas y una semana más de feria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.