El carnicero que enseñó a bailar a las comparsas

Esteban Reyes Melián

Lo que pudo ser una obligación, se convirtió en un hobby para Esteban Reyes Melián. Siendo el mayor de cinco hermanos, desde los doce años se encargaba de tener preparada la comida a sus padres (que trabajaban, él en el puerto y su madre en una fábrica de tabaco) y a sus hermanos. Encontró así una de sus pasiones, que le valió que la exconcejala de Fiestas de Santa Cruz Ana Oramas lo enviara a un encuentro culinario en Valladolid.

Nacido el 28 de mayo de 1938, recuerda que ya desde los 12 años comenzó a trabajar en la Sociedad Cuatro Torres y ayudaba en baile. Con 16 años ya se vestía de Carnaval. “Los bailes estaban prohibidos. Y se celebraron en el Cuatro Torres en 1954, y allí fui con una bata de franela de las que usaban las mujeres para dentro de casa; tapado, con guantes y todo”. “Luego seguí saliendo con un grupo en la calle el Humo, que nos hacíamos la ropa nosotros y después fue cuando Manolo (Monzón) me habló de la comparsa”.

Esteban Reyes nació en El Palacio, una ciudadela grande que estaba donde hoy se localiza el TEA, antes de estar construido el puente Serrador, sin estar la recova inaugurada. Luego se mudó a San Sebastián número 38, a una casa de dos plantas: plaza San Sebastián, la calle del Humo, San Telmo, La Noria, el barranco. “Ese fue el barrio que me vio nacer y me vio crecer hasta que nos echaron de ahí”, se lamenta. Se trasladó a Santa Clara y más tarde, a La Salud, y allí se casó, en 1970.

“Tanto Manolo como yo trabajábamos en el mercado; éramos amigos del barrio de toda la vida. Él nació en la calle Mejías y yo en San Sebastián. Nuestras familias están medio emparentadas, a ellos les decían Los Aburriones y a la mía, Los Burros, todos teníamos apodo”. “Cuando vino de Venezuela, me dijo de salir con él, pero inicialmente le dije que no porque yo salía con un grupo por Santa Cruz, con sandungas, maracas y panderetas… íbamos todos tapados y salíamos desde las doce del mediodía. Teníamos las casas a dónde ir: íbamos a la casa de Chago Ledesma, en Los Llanos, y vaciábamos una caja de galletas que nos ponían llenas de pasteles laguneros”.

“Primero le dije a Manolo que no, pero luego no sé qué pasó que fui a hablar con él y le dije que sí salía. Y formamos la comparsa. Manolo fue quien tuvo la idea, y con él la fundamos Ignacio Vázquez Báez (que años después creó Danzarines Canarios) y un servidor (que sacó Brasileiros). “Comenzamos a ensayar en la Recova, y después fuimos a La Salud, donde hoy está el bar Rumberos”. “El primer año de Rumberos fue en 1966 y estuve saliendo con ellos cinco años”, explica. “En 1965 era una parranda de amigos; en 1966 se formó la comparsa”, precisa.

“Me marché un año de Rumberos porque me mosquee. Yo era el que montaba los bailes; se bailaba con un pito en la calle. Había un poquito de dictadura y me fui porque quería que cambiaran un poco las cosas. Sin embargo, salí ese año y al siguiente ya me marché”. “En 1970 comenzamos a ensayar nosotros (Brasileiros) en la piscina municipal, hasta que nos dieron una casa en la calle San Carlos, frente al hospital, donde San Telmo mismo”. Hasta llegar a su actual sede en La Salud ha vivido una odisea.

“Este año (2017) íbamos a salir, pero al final se acumularon los problemas. Pero ya tengo preparadas las tres cuartas partes del traje para el próximo año, con un diseño como siempre de Luis Dávila; ya mañana voy a su casa”, cuenta.

Esteban cuenta que pidió ayuda a Enrique Camacho, director de la gala, para conseguir una persona para el baile, para el Carnaval 2018. También ha hablado con Edey, de los Sabandeños, para la parranda. “Fuimos una buenísima comparsa. Son épocas. Llevo 52 años de comparsero, 5 en Rumberos y el resto en Brasileiros”.

Promotor de la reapertura de la ermita de San Telmo, recuerda que siempre ha sido un sacrificio el Carnaval: “Trabajé de todo; de peón de mercado y estuve 25 años como carnicero en el supermercado San Antonio, en El Toscal”.

“Lo más bonito del Carnaval es el Ritmo y Armonía, con todo mi respeto a las murgas. Las murgas de hoy no tienen gracia, ya no son sino voces, corales; las voces se las tenían que dejar para las rondallas. Antes te hacía gracia la doble intención. Deberían potenciar las comparsas”.

También es crítico con las comparsas que fundó con Monzón. “Se han profesionalizado. Se ha ido perdiendo la esencia; ya no son bailes, sino tablas de gimnasia. Veo las comparsas y no son como antes, van corriendo por todo el escenario… Recuerdo cuando las chicas bailaban y lo hacían con todo el traje, sin tanto cambio. Cuando ganábamos, íbamos al año siguiente a la gala. Una vez la gente se estaba marchando y entramos nosotros entre el público con un traje, que era de las primeras lentejuelas que se trajeron. Y todos se volvieron a sentar”. Cuando se le pregunta si se le puede considerar como el primer coreógrafo de comparsas, admite que “toda la vida me ha gustado un baile; me corría los bailes de la Masa Coral, el Iberia, el Parque Recreativos, El Frontón… Nunca fui coreógrafo, solo que marcaba los cuatro pasos que se hacían por la calle; no era como ahora. Estando en Rumberos, entró Vicente Cruz, que luego fundó Cariocas. Manolo me dijo que yo me pusiera a cantar y Vicente, a bailar. Y le dije que si hacía eso yo me iba (se ríe). Yo bailaba y montaba”. Emocionado, agradece el homenaje que le rindió este año Mamelucos, con un vídeo que muestra su vida. Anoche sumó otro tributo, el segundo trofeo Artesano Maestro Enrique, que otorga la hija del director-fundador de la Fufa.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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