El entierro más bonito

Güímar revivió anoche su particular, y sensacional, entierro de la sardina, escenificación teatral que comenzó en 1992. Recrea la leyenda oral de que las brujas se convertían en burras.

Miles de personas participaron anoche en el espectáculo más importante del carnaval güimarero, Las Burras. El acto arrancó después de las 21:00 horas desde la plaza de San Pedro Arriba, donde la comitiva acompañó a la sardina hasta la plaza de San Pedro Abajo, donde tuvo lugar la representación. Se trata de un espectáculo visual único en la Isla, que cuenta con el trabajo de meses de los componentes de la Asociación Cultural Las Burras. En esta ocasión la organización y dirección ha sido llevada por el propio colectivo, motivando así la participación ciudadana en este evento, según los datos facilitados por el gabinete de prensa del Ayuntamiento de Güímar.
Esta escenificación teatral, que data de 1992: Surgió con el objetivo de lograr que el Entierro de la Sardina recobrara el auge que había tenido antaño. Para ello, se recogieron algunas tradiciones relacionadas con la brujería a través del libro titulado “Brujería y apariciones: historias de Seña Rosa”, de la escritora Mónica Díaz Tabares, como la creencia de que las brujas se podían transformar en burras para conseguir entrar en las casas de los campesinos y así poder realizar sus hechizos. A partir de ahí se hilvanó un guión y se creó una especie de Auto Sacramental que desde entonces es interpretado en el atrio de la Iglesia de San Pedro. Intervienen las brujas que se transforman en burras para realizar sus maleficios, los diablos que bajan envueltos en fuegos artificiales, San Miguel capitaneando una cohorte de ángeles pacificadores y los dominicos del Valle de Güímar, quienes acompañan al obispo encargado de exorcizar el mal.
El acto comienza en la plaza de San Pedro Arriba: desde allí parte el cortejo de la Sardina hacia la plaza de San Pedro donde tiene lugar la escenificación y la lucha del bien y el mal.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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