Sin tiempo para un desmayo

Santa Cruz celebró anoche el cortejo mejor organizado que se recuerda. Por primera vez la sardina abrió el desfile, la comitiva detrás y ¡en 40 minutos! ya había recorrido Méndez Núñez.

Santa Cruz de Tenerife vivió ayer el Entierro de la Sardina más breve que se recuerda en la historia. Tan rápido transcurrió que en apenas cuarenta minutos ya había recorrido Méndez Núñez, y hasta tuvo que hacer un alto en el reloj de flores del parque García Sanabria para evitar quemarla a las once de la noche.

Fue un entierro fugaz. Tan ordenado que faltó tiempo para los tradicionales desmayos, que ayer fueron una excepción. Quien se caía al suelo corría el riesgo de quedar el último del desfile.

La anarquía que ha caracterizado el Entierro de la Sardina quedó en el olvido ayer y todo estaba estructurado. Delante, el gaitero, detrás, la guardia británica (Fermín y Manolo, de Mamelucos), que abrían paso a la Cofradía del Chicharro de la Fufa, que portaban una sardina de goma eva, en el que destacaba el famóbil que rendía homenaje al cantante David Bowie. Y para que el cortejo no «pecara» de ponerse delante de la sardina, como ha sido tradicional, la organización colocó una banda de cornetas y tambores y, la gran novedad, una carroza con los «artistas» murgueros que recrearon a los cantantes de la década de los años 80. Entre los dobles, un original, de los 80 y también del siglo XXI, Pepe Benavente, que hacía las delicias del público que se arremolinaba al ritmo del polvorete. Cerrando la comitiva, el coche de Bohemios. Y por si alguien tenía duda de si estaba organizado, cerraban el cortejo los limpiadores de Urbaser, no los de la canción de la murga adulta Los Que Son Son, sino los originales. Así, cuarenta minutos después de salir Juan Pablo II, ya había terminado. Y para desconsuelo de los más rezagados, encima comenzó puntual: a las 21:00 horas. Al principio, la comitiva fue «más rápida que inmediatamente», y tardó 15 minutos en pasar por Capitanía. Ya a la altura del ayuntamiento el cortejo fúnebre era mucho más nutrido y tardaba unos 40 minutos. A las diez menos veinte de la noche la organización se enfrentaba al reto de parar el desfile o quemar la sardina a las once de la noche. Los viudos y viudas estaban más desconsolados que nunca porque ellos se han hecho de rogar en el penúltimo adiós a don Carnal.

Entre los participantes, hasta un féretro color verde pistacho, o los legionarios de Javi «El Abogado». El entierro fue tan rápido que a alguno se le aguareció hasta el fin del trayecto la piedra de hielo que había puesto en el vaso al comienzo del recorrido. Para la organización, perfecto; para los noveleros, un desconsuelo que acabara tan rápido. Apenas tres horas duró el funeral.

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