La Cañonera marca el rumbo murguero

La oportunidad y el ingenio del coro de Faly Pastrana, tercero en Cádiz, marcaron el encuentro de Candelaria. Las murgas tinerfeñas demostraron su supremacía. Buen estreno de Los Nietos de Sary Mánchez, llegados de Telde.

El coro La Cañonera, del autor Faly Pastrana, quedó tercero en Cádiz y primero en el público del XII Encuentro de Murgas de Candelaria celebrado el pasado sábado y que reunió a los tres primeros de Las Palmas, Serenques, Trapasones y Nietos de Sary Mánchez, y de Tenerife, Bambones, Diablos y Mamelucos.
Oportunidad e ingenio fueron los avales de los de Pastrana. Oportunidad, porque este año rinden homenaje al nacimiento de la propia murga, en 1917. Con ingenio, que brilla en su acento, se recrean con elegancia y orgullo gaditano hasta convertir en inédito lo cotidiano, y eso aderezado con gracia cuando toca criticar.
El coro de Pastrana, La Cañonera, cantó después de los terceros y segundos premios de Las Palmas y Tenerife, y marcó el encuentro. Es otra visión del Carnaval, como el cuplé dedicado a Saida Prieto, aspirante que se quemó en la gala del Carnaval chicharrero y que ellos coronaron reina de los corazones el sábado. Dejan ahí una lección: la falta de improvisación de la murga para reaccionar a un acontecimiento que marcó el Carnaval, aunque fuera después de los concursos. Solo Mamelucos cambió algo en su presentación y fue para designar a Junior Alonso, director de Trapasones, nuevo papa.
¿Es mejor el coro que la murga? Son simplemente diferentes. El coro de Faly Pastrana lo bordó, como Bambones en su actuación. No desmerecieron Diablos y Mamelucos, que ampliaron la diferencia con Las Palmas. Serenquenquenes, con más nombre que méritos de cartón; los eternos segundos, Trapasones, de Junior Alonso, con mejor letra que voces, a la inversa que Los Nietos de Sary Mánchez, de Josito Suárez y Rayco Picolo, nacida para ganar.
Fueron cinco horas de dosis murgueras, con incondicionales como Heriberto, el “indio” de Chancletas, o Tito Rosales, incombustible director de Chancletas, que celebra sus bodas de plata. Esta vez faltó la concejala Isabel García Volta.
Abrieron Los Nietos de Sary Mánchez. Sensacionales en voces, huérfanos en letras. Ha nacido un nuevo estilo murguero en Gran Canaria gracias a una docena de componentes de la parranda Araguaney disfrazada de murgueros. Solo ellos cantaron sus dos temas de fase; el resto mezcló fase y final, salvo Bambones, que eligió su final y, de bis, uno de fase, porque no le dejan cantar tres en la final.
Las voces, valor añadido si la murga llega de Las Palmas, enmascararon unas letras pobres. Su primero, un “quiero y no puedo” en la búsqueda de ver qué criticar. Su segundo, una mezcla donde lo mejor es cuando cantan en italiano. Pero la letra, pobre.
Siguieron Mamelucos. Demostración musical, pletóricos. Se estrenaba en Candelaria Xerach Casanova, que este año sustituye a Toño Ramírez. Contagia ímpetu y frescura a la murga de la Casa del Miedo con la que cantó Airam Bazzocchi, director y letrista de Los Chacho Tú, ganadores morales en Las Palmas –y más después de lo visto el sábado, y eso que quedaron cuartos–. Cantaron sus fobias, con ingenio y humor, para seguir con las reformas, de Bazzocchi, hijo.
Tomaron el testigo Trapasones, siempre esperados por su director, Junior Alonso. Si tuvieran la calidad musical de Los Nietos de Sary Mánchez, o estos últimos sus letras, sería una murga grande. Trapasones tiene dos buenos temas, “Quiero dar las gracias” y “La conciencia”, pero sus momentos de acidez les hipoteca su espectáculo.
Cerrando el turno de los segundos, Diablos. Exquisitos. Sin “presuntamente”, como su primer tema. Su segundo, “Una canción para cada situación”, demostración de ingenio de Víctor Asensio. Calidad musical. Los de Maxi Carvajal son un espectáculo y en Candelaria pontifican. Dominan escenario, se salen y divierten.
El espectáculo tuvo “dientes de sierra”, altos y bajos según la procedencia de la murga, hasta que llegó La Cañonera y arrasaron a cañonazos de ingenio y tocando mucho la fibra. Sin empalagar.
Al final, Serenquenquenes, de Javier Santana, ganadores en Las Palmas. Sobrios, con letras atropelladas y sin sentido. Suenan bien, resuelven sin la espectacularidad de los de Sary Mánchez. Mientras los de Telde invitan a deleitarse en sus voces, y olvidar que sus letras no dicen nada, o muy poco, los de Agüimes dejan al desnudo su falta de argumentos. Su primer tema, un rebumbio de ideas. Arrancan con un militar y acaban por peteneras. Su segundo, inspirado en dibujos animados, acorde a la caricatura de su repertorio si se compara con años pasados. Decepción, máxime cuando se trata de Serenques, murga brillante en otros años. La crisis… embargó su encanto.
Cerraron Bambones. La mejor murga de la noche. Sortearon con éxito el “corte” del espectáculo con la entrega de distinciones, que resultó ágil. Rápidamente, ellos arrancaron: tendieron la alfombra roja con su pasacalle, pidieron un crédito en el banco de millones de ironía para comprar un paraíso de calidad: Emiratos Canarios. Los de Primi Rodríguez tienen petróleo en su boca gracias a sus letristas.
El encuentro reabrió las diferencias entre murgas de Gran Canaria y Tenerife, con la agradable llegada de los Nietos de Sary Mánchez y el desembarco del nuevo Laya: La Cañonera de Pastrana.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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