La gala, un pulso entre espectáculo y candidatas

La obertura fue el punto más alto, que se desplomó con 19 aspirantes y exceso de Abubukaka y Llum Barrera. Al final mejoró con el número conjunto de comparsas, murgas y Carlos Baute y Marta Sánchez.

 

El recinto ferial acogió anoche la cuarta gala de Enrique Camacho, que arrancó con una obertura espectacular, para hipotecar su ritmo a los cuatro desfiles de aspirantes, el abuso de números de Abubukaka y Llum Barrera, para intentar retomar el pulso con los números conjuntos de las comparsas y las murgas. LlegóCarlos Baute, con Marta Sánchez, y gustó, pero un nuevo número de Abubukaka y Llum puso el freno de manos al espectáculo justo cuando se procedió a la salida de las diez finalistas, entre las que se proclamó a la reina y su corte de honor en un espectáculo cuya duración, estimada en tres horas, se alargó veinte minutos más.
A las nueve y media de la noche, y después de reiteradas invitaciones del director a que el público ocupara sus localidades dada la complejidad técnica de la obertura, comenzó la gala. En las pantallas laterales del escenario, Alexis Hernández, la voz del Carnaval, quien, sobre un fondo de piano que recreaba el “Santa Cruz en Carnaval”, rindió tributo a cada uno de los miembros anónimos de los grupos, a costa incluso de sacrificar a su familia para darlo todo. “Esta noche, los chicharreros lo van a hacer con el corazón. Comienza la gran gala de la reina”. Y primera ovación.
En las pantallas más próximas a la puerta principal, un vídeo proyectaba a Carmen Laura Lourido, la reina delCarnaval 2018, en una de las playas de Tenerife, ante la presencia de algunos carnavaleros que entrelazan sus manos, para sumergirse en el escenario, por el que bajó nadando desde el techo del recinto ferial, entre medusas que tomaron el patio de butacas, delfines y ballenas piloto. Espectacular inicio de la gala, con la reina sumergida en el Carnaval mientras los peces tomaban el patio de butacas y cuando menos se lo esperaba el público, cayó un telón y apareció la soberana saliente dentro de su traje en el que sería su último desfile sobre el escenario. Un lujo de obertura con una canción interpretada por voces de los grupos del Carnaval. ¿Habría puesto el listón de la calidad del espectáculo demasiado alto? La obertura, con efecto holograma, al más puro estilo de innovación Zeta-Zetas. La gala solo acababa de comenzar. Y llegó Laura Afonso, maestra de ceremonia de la velada.
Y antes de presentar al jurado, entró la Ni Fú-Ni Fá, con su “Qué tiempo más feliz”, y el público entregado. Otro efecto mágico: Enrique Camacho parecía haber representado la cabalgata o el coso en el patio de butacas. Entonces sí, llegó la presentación de los quince miembros del jurado de la reina. Golpazo de humor con Abubukaka, que se coló en el jurado y luego subieron al escenario y le explicaron a la presentadora que se pusieron en el jurado porque “ahí se pone cualquiera”.
Laura Afonso dio la palabra a María Rozman, que presentó el primer bloque, la misma periodista que entrevistó a Obama. La primera en desfilar, Laura García, La Pompadour, de Borja Abreu, en representación de Ron La Indiana. Siguió Erika Hernández, que repite experiencia. Su fantasía, Pasión, un homenaje a las murgas, una idea de JonathanSuárez para Estación de Servicios Cepsa Vuelta de los Pájaros, la música de Bambones, Diablos y Mamelucos animó el recinto. Eran 19 candidatas y Jonathan Suárez sacó su segunda candidata en el tercer puesto: Thalía Ruiz, con “Sublime”, para Gabinete de estética África y Vicky. Sorprendió la fantasía número cuatro, de Zara Díaz Mendoza, que vistió Carolina Izquierdo en presentación de 5 Océanos, titulada SOS Antártida que hizo bailar el recinto ferial como si levitara sobre la fantasía, que tenía la ambientación de todo el escenario a su favor. Y cerrando el primer bloque, la candidata de Fedola a la que diseñó Alfonso Baute, con Alma, una fantasía típica carnavalera.
Cinco de las 19 candidatas desfilaron, con grandes fantasías, pero sin provocar aún en el recinto un “oh” de reina.
Siguió Caña Dulce, la agrupación musical ganadora y única representante este año de esta modalidad, que interpretóElla, en recuerdo de las madres. De nuevo, Abubukaka, momento en el que apareció Llum Barrera, que hizo 3.000 kilómetros para estar en la gala haciendo un número de humor “y sin descuento de residente”. Momento para Elvis Sanfiel, que dio paso al segundo bloque de candidatas.
La primera del segundo bloque y la primera de las dos reinas que presenta Daniel Pages, una guerrera, con una apuesta arriesgada, de verde sobre dorado, en representación de McDonal’s y La Opinión. ¿Había salido la reina? Hasta ese momento, sin duda la fantasía más espectacular y arriesgada. Siguió la propuesta de Yeray Díaz, con Vuelo; era la segunda vez de Rocío Dorta sobre el escenario, el traje llamó la atención, y mucho, por la combinación de tonalidades pasteles de rosas y azul turquesa. Y, en octavo puesto, “llegó la reina” como decía la letra de su canción, la segunda propuesta de Daniel Pages al título para Dimurol, y llegó bailando aprovechando su condición de bailarina. De nuevo, otra candidata favorita para la corte.
En el puesto noveno, el regreso de Sedomir Rodríguez de la Sierra a la pasarela del Carnaval, con Priscila Medina y su fantasía L Nuit, una creación con muchísimo brillo y de grandes dimensiones; elegante. Aspiraba a la corte también. Un segundo bloque muy competitivo. Y eso sin llegar la propuesta de Jorge González Santana, con Bailando bajo la lluvia. Era el diseñador ganador en las últimas ediciones, y planteó su propuesta con María José Chinea, y el patrocinio de Fuentealta. Una fantasía de escándalo, con Jorge González inventando la paleta de colores: La reina entre azules sobre un plata. Pero falló el tocado. Una vez, ella tiró para adelante. Luego, otra vez el tocado. Y volvió María José a defender la fantasía, hasta que cuando ya abandonaba, otro contratiempo dejó sabor agridulce a una espectacular creación, que hasta tuvo luz. Ovación para la candidata que peleó hasta el último segundo por defender el traje.
A continuación, los Joroperos, que ocupó de lado a lado los fondos marinos del recinto ferial, con David Gómez y Arume La Negra, en el centro, dándolo todo.
Y llegaron las K-Narias, no para cantar, sino para presentar el tercer bloque de candidatas. La primera de las dos aspirantes de Santi Castro: Ariadna Fregel, de Diario de Avisos, Shopping yCenter China Town y Partilandia, conQuimera de Cristal, en pasteles rosa y azul, con una música solemne que le restó frescura. La sorpresa, cuando mostró la cara oculta, la parte de atrás, con unos peces.
Segunda del tercer bloque, la aspirante de David Hernández, Yanira Hernández, con El legado de la Gloria, una creación que patrocina NTM World y Damiroal, más sencilla; en su caso, buena música, Gladiator. Mejor que la ejecución. Y llegó la tercera, la propuesta de Alexis Santana, que desbordó la puerta, Yerba Santa. Y llegó la revolución: la candidata Yasmina Galván canta. El más difícil todavía, con un traje majestuoso, blanco y dorado. Revolución, con un formato llamado a mayores éxitos en el futuro. La reina cantante.
Y llegó Tin Quintero con Ofrenda a Yemayá, con luces en un traje plata que contó con la colaboración del Ayuntamiento de Güímar.El pupilo aventajado de Juan Carlos Armas mostró una creación llamativa en la que reinaron las tonalidades rosada y plata por delante.
En el puesto numero 15, el “traje de cristal” con el que se estrenó Silvio Baussou, hecho con botellas recicladas y con el efecto de que la reina se dio la vuelta y apareció en la otra cara de la fantasía.
Y las K-Narias se despidieron del escenario cantando su tema del Carnaval, para seguir con la actuación de la rondalla El Cabo, que, por primera vez en la historia, actuó en directo bajo la dirección de Israel Espino. Feo el detalle de las decenas de personas que abandonaron en ese momento el patio de butacas.
Y de nuevo, Abubukaka en otro toque de humor como bailarina, con Llum Barrera en el papel de Céline Dion y Titanic, mientras unos policías iban a desalojarlos y uno de ellos –Kevin, de Taco–, acabó bailando con ellos. Demasiado Abubukaka.
Entraron entonces las reinas de los Carnavales 2016, 2017 y 2018, en busca de sucesora para Laura Lourido. En el cuarto bloque, Juan Carlos Armas –el segundo diseñador que regresó– abrió el desfile, con un traje que parecía una obra de ingeniería: se movía las orejas del elegante y los dos pavos reales desplegaron sus plumas. La candidata, Viviane Cordobés, con la fantasía Mandala para Alcampo. Como curiosidad, hija de Natalia Ramos, quien fue candidata en tres oportunidades y dama de honor en dos. Y llegó La bruja blanca, de Antonio Santos, para Ana María González, en representación de Bingo Canarias y Bingo Ciudad La Laguna. Un traje blanco y brillante. El desfile empezaba a pesar. Y quedaban dos aún. Luz Vanessa Alonso, de Cavi Lladó, titulada Un presente con historia, con una apuesta arriesgada en el colorido (amarillo y marrón), para ganar potencia con el cambio de música. Y cerró una declaración de amor: Bésame, de Santi Castro, una flor con sus colibrís, con una apuesta para Centro Comercial Añaza. Cerró el desfile, la reina del Hogar Canario Venezolano en un año especial, y arropada por los personajes populares del Carnaval, menos animados que nunca.
Había salido una agrupación musical, una comparsa y una rondalla entre los bloques de candidatas… Le tocaba el turno a una murga, la ganadora Zeta-Zetas, y sobretodo para levantar vuelo al espectáculo, “empalagado” de candidatas de gran riqueza, pero con el peso de diecinueve, más la reina del Hogar Canario Venezolano. Llegó el momento murga: homenaje a la infantil Retorciditos, murga infantil ganadora del primer premio de Presentación. Y luego, Zeta-Zetas, que sacaron su croma. Tocaba que la gala levantara vuelo tras un desfile largo de aspirantes. El tema estrella de la murga de Javier Lemus fue como un chiste contado por segunda vez: quedó al desnudo el truco, la murga se vistió de verde, pero no hacía croma. Pero, sin duda, premio al ingenio por idear cómo engatusar al público en el concurso con un efecto óptico. Canto a las colas de la autopistas, las guaguas, el cáncer infantil… Fueron la sombra de la final, con un Javier Lemus levitando en últimos acordes subiendo la intensidad del número. Zeta-Zetas incluyó conexiones con canarios que están fuera de Canarias y que le hubiera encantado estar en la gala, de Madrid a Chile… y rajazo en unas de las conexiones, para aquellos canarios que viven fuera del Archipiélago y no se benefician de descuentos de residencias: “Canarios sin alas, pero nuestras voces no nos podrán callar”.
Ya el número de los scketch –antes con Abubukaka y ahora de nuevo con Llum Barrera– no es que pesaran, sino que impedían que la gala recuperara el ritmo. Apareció Carlos Baute, en un cameo con Llum, pero… no enganchó tampoco. Minutos perdidos.
Y llegó el número conjunto de comparsas, y entonces sí que sí. El Carnaval impuso su ritmo a la gala, con la genialidad de la percusión y el baile de las formaciones de cuerpo de baile entre el público. El recinto se constituyó en una escuela de samba con casi 5.500 componentes, premio al trabajo desarrollado desde octubre entre las comparsas.
Las agrupaciones de cuerpo de baile y parranda animaron a un recinto que luego se engarzó con las murgas adultas, con una multitudinaria representación. El guiño del número, cuando interpretaron vamos cantemos… somos… y el público dijo siete, adaptando Escuelita murguera, somos 8. El escenario fue una cabalgata de murgas mientras se sentenciaba: “El futuro está garantizado”, con una conga de Carnaval y murguera. Mis ocho Islas Canarias… Fue el “concierto de la OST murguera” en el recinto ferial. De la mano del concurso estrella, levantó vuelo la gala, intensidad que elevó Carlos Baute, sin necesidad de usar arnés, entre el patio de butacas y bailarines de comparsas. Carlos Baute llegó para intentar remontar el espectáculo, a la que se sumó Marta Sánchez. Y de nuevo, las comparsas al patio de butacas a bailar. Solo faltó que alguien dijera: “árbitro, la hora”. Salvo que fuera porque la deliberación del jurado se prolongaba, se podría haber recortado la actuación de los artistas invitados en aras de conseguir más agilidad. Y de nuevo, Abubukaka y Llum Barrera, con cinco trajes de reina. Lo mejor, las fantasías. Y buscaron el humor contando la vida diaria de una reina cuando, por ejemplo, van con su fantasía a coger un taxis. Parón de nuevo en la gala. ¿Tiempo para la publicidad? Y ya, en plena demagogia, guiño a las aspirantes, sean finalistas o no. La gala se había vuelto a parar.
Y aparecieron las diez finalistas sobre el escenario entre las que se proclamó a la reina y su corte de honor. Santa Cruz ya tiene reina.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong> 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.