La materia gris de las murgas

25dia : 8 PLANILLO DIGITAL : 16 : Página 9Letristas y directores musicales de las 26 murgas adultas que participan en concurso acometen ya el tercer tema. Unos cobran, algunos hasta 500 euros por canción; otros lo hacen por diversión.
A la hora de formar una murga, sobre todo en los últimos tiempos, los esfuerzos se centran más en alcanzar el mínimo de componentes, 35 integrantes, y en tener un lugar donde poderse reunir, que en conseguir un director musical o un letrista, una necesidad fundamental para imprimir estilo a una murga. Y es que un grupo crítico sin estilo parece no tener un puesto fijo en la gran final.
Los colectivos críticos más veteranos suelen ser más fieles a la hora de mantener el estilo, es el caso de Bambones y Diablos Locos. En los últimos años Triqui-Traques ha dado giros en busca de reinventarse desde el “show”, su buque insignia. Y este año ha incorporado a Airam Bazzocchi, que pisa fuerte. En los dos o tres últimos años también en Mamelucos se han movido las aguas en busca de una murga más comercial a la vez que acomete un relevo generacional que este año se verá hasta dónde de bueno es.
Pero estas son el “sota, caballo y rey” de cualquier quiniela sobre los nombres de la final. En los últimos años,Triquikonas consolida estilo, que trae a recuerdo a Ni Picas. Y otras son fieles a su razón de ser. No importan los cartones, importa cumplir con su razón de ser, el caso de Guachi, aunque duela o pese a quienes reciben sus críticas. Y eso que se han dulcificado últimamente. Trapaseros también son referente de estilo propio, por más que se les critique la parafernalia, se les desea. En aras de la búsqueda del cartón,La Traviata, con Carlos Casanova este año; o la refundación de Ni Pico, que lucha por cerrar la crisis. Zeta-Zetas, Los Trabas, Burlonas, Marchilongas, Rebotados… Unas murgas pagan, incluso hasta 500 euros por letra o hasta 400 por un batería; otros lo hacen por amor al arte. Es otro Carnaval.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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