Las rondallas cantarán menos lírica y tocarán cualquier instrumento

Fiestas permitirá que una de las tres obras sea de libre elección tanto en estilo –no lírico incluso– como en el uso de instrumentos.

El Organismo Autónomo de Fiestas ha abierto el debate entre puristas y renovadores no solo del Carnaval sino, en particular, en un género genuino como las rondallas. Pese a los esfuerzos de la Federación por intentar convencer a la organización que limite el estilo de las partituras a ejecutar a los estilos de ópera, opereta y zarzuela, desde la Concejalía de Fiestas se ve con buenos ojos permitir que una de las tres obras a ejecutar sea de estilo libre.
En las reuniones mantenidas entre Fiestas y la Federación de rondallas ya se ha acordado que dos de las tres obras que interpretarán se tendrán que ajustar a ópera, opereta y zarzuela. Además, los directores de las agrupaciones líricas, a instancias de la organización y la federación, solicitaron que elaboraran una relación de instrumentos permitidos para la ejecución de esas partituras.
En el escrito remitido por las rondallas a la organización se hace constar que solo podrán emplearse mandolina, mandola, mondalelo, mandolina bajo, bandurria soprano, laúd tenor, guitarra española y guitarra baja, de cuatro y seis cuerdas.
Esta relación se admitirá como buena en las dos obras puras, no así en la de libre elección, en la que se podrá utilizar cualquier tipo de instrumentos. “Si libre es la obra, también será libre la selección de los instrumentos”, es la máxima de la organización, una postura que agrada a la rondalla Los Acevinos, la principal promotora de la renovación en la modalidad lírica de la mano de Rafa Flores “Morocho” y que también satisface a las dos formaciones noveles, La Rondalla, de Lito Díaz (Sociedad Mamels), y Las Valkirias, de Mercedes Cabrera. Al final, el número de rondallas pasará de las 6 actuales a 8, con esas dos incorporaciones, pues no se admitirá a Antón Guanche, al ser de Candelaria.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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