Los Carneros toman Tigaday

Como cada tarde de Domingo de Carnaval, unas cuarenta personas, de edades comprendidas entre 18 y 45 años, entran en la Casa del Miedo para salir con zaleas a betunar a los transeuntes.

Los Carneros tomaron las calles de Tigaday como cada tarde del Domingo de Carnaval, en la primer de las dos salidas que realizan cuando las carnestolendas tocan a la puerta del municipio herreño de La Frontera.
Esta tradición, que desde el año pasado goza de la consideración de Bien de Interés Cultural decretada por el Gobierno canario, despierta la pasión entre visitantes y residentes de la localidad. Los jóvenes se reúnen desde las tres de las tarde en la Casa del Miedo –bodega patrimonio del rescatador la fiesta, Benito Padrón–, para proceder a comenzar sus preparativos. Junto a las zaleas, curtidas y cuidadas durante años, el inseparable betún, con el que pinta a cuantas personas se topan durante su recorrido por la calle principal de Tigaday.
Es oír los cascabeles de la manada de carneros y ponerse en alerta, para salir corriendo y no ser víctima del betún, una costumbre que se repite cada Domingo y Martes de Carnaval, y que hace que Tigaday disfrute de una fiesta única en Canarias. Gritos de terror, persecuciones y emboscadas son los atractivos de un público que intenta huir de los Carneros por la calle principal.
La Fiesta comienza y termina con una estampida, el sonido de los cascabeles y la aparición del rebaño, hombres jóvenes portando zaleas y cornamentas curtidas con el tiempo, el disfraz más antiguo, cuyos inicios se entrelazan con el origen ganadero de la isla; y junto a ellos, máscaras espeluznantes a modo de pastor malévolo, más conocidos como “loco”, una escenificación que supone un atractivo cultural y turístico; una cita ineludible para todos los vecinos de la Isla y para los que la visitan en estas fechas.
Aunque no existe una referencia histórica de esta tradición, cuando se elaboró el expediente para el reconocimiento de los Carneros como Bien de Interés Cultural se reconoció que fue Benito Padrón Gutiérrez, en la década de los años setenta, luego junto a su hijo, Ramón Padrón, y los miembros del Grupo Folclórico Tejeguate –en su mayoría formado por jóvenes de La Frontera– quienes lograron mantener la representación de Los Carneros de Tigaday como el ejemplo más emblemático y representativo de los que hoy se celebran durante el Carnaval en la Isla del Meridiano.
El Ayuntamiento de La Frontera reconoció el esfuerzo que realizó Benito Padrón para rescatar y mantener la tradición de los Carneros que, tras la Guerra Civil estuvo a punto de perderse y quedar en el olvido, un legado que se heredó por su empeño. Muchos vecinos de La Frontera recuerdan cómo Benito Padrón, con casi 90 años, supervisaba y ayudaba a los jóvenes en prepararse con sus zaleas antes de salir. En su honor se le otorgó su nombre a la plaza Benito Padrón Gutiérrez a la plaza nueva y a su calle de acceso.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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