Luis Hormiga, «Suspi», un enamorado del libreto y la trompeta

    Tematico_931SoFie La pasada medianoche falleció Luis Hormiga, “Suspi”. Amante del Carnaval de verdad. De esos que desfilan con la trompeta prieta bajo el brazo como si llevaran el mayor de los tesoros. Orgulloso de ser murguero. En la tarde de ayer, “antes de que cogiera la guagua”, Primi me recordaba a las puertas del hospital: “Dale una trompeta y un libreto y es el hombre más feliz del mundo”. “Suspi” era, tal vez, el único de esa generación que mimaba los detalles.

suspi-84.jpgEn Bambones desde 1986, “Suspi” pasó a formar parte de la filas de la murga de El Cardonal con la “mili” hecha en Los Malaslenguas, los Zipizapes y el Desbarajuste, todas de La Laguna. Enemigo de los focos, tenía la habilidad de hacer equipo. De sumar. Siempre tenía un proyecto para rescatar el Carnaval y siempre contaba con todos.

Suspi-85.jpgSeguro que por mi ignorancia, no distingo a “Suspi” como un letrista, ni como un diseñador, ni como un gran bajo… Con una enorme inquietud por mimar el Carnaval de Tenerife, era un cabezón. Se le empeñaba una cosa, buscaba a la gente para sacar adelante el proyecto –uno de tantos- y luego actuaba como el padre que impulsa a su hijo al agua para que aprenda a nadar. Para él, nada parecía imposible. “Vamos a hacerlo”, acuñaba siempre.

1-suspi-83Su espíritu inquieto siempre se dejó notar. Tanto en sus Bambones, como en la Fiesta de San Benito. Y es que “Suspi” rima con tradición. Con la defensa de los valores del Carnaval.

suspiHizo de Bambones su otra familia, con su inseparable Cotena, una marcha que le dejó tocado.

Y se atrevió a proyectos más ambiciosos, como la fundación del Aula de Cultura y Carnaval de Santa Cruz de Tenerife, desde la que promovió ExpoCarnaval, la primera y única muestra que ha reunido los carnavales de todo el Archipiélago. Y antes, lo que parecía un sueño imposible: reunir a todos los grupos críticos del Carnaval en la Federación de Murgas de Tenerife. Y lo logró.

A sus cincuenta y pocos años, “Suspi” era un murguero de antaño. Un nostálgico del buen disfraz, de un cancionero cuidado y, sobretodo, un murguero amigo. Nunca tenía prisas para hablar y si era sobre Carnaval, unía la mañana con la noche.

Murguero de segunda o tercera fila, en sus ansias estaba mejorar el disfraz del año anterior; sorprender con un libreto mejor. Aprovechando el tirón de Bambones, hasta se atrevió a estampar el payaso de la murga no solo en suéter sino hasta en cojines, vasos, bufandas, toallas… Presumía de su murga. Estaba orgulloso de ser uno más de El Cardonal.

MEX_0433.JPGHipotecó tiempo de su familia –y si no que le pregunten a Amparo, su esposa, y Adonay, su hijo-, e hizo del trabajo su segunda ocupación por Bambones, las murgas y el Carnaval.

Hace casi quince años, recuerdo un reportaje con “Suspi” sobre “murgamanía”, un padre y un hijo que coleccionaban libretos de murgas. Sus archivos de fotos perfectamente colocados e identificados.

Hace tres semanas, cuando recibió la maldita visita de la enfermedad, hacía planes con su hermana y sus sobrinos sobre los proyectos, de nuevo más proyectos, para promocionar el Carnaval de Tenerife, con camisetas, cojines con forma de chicharrero, como el cartel anunciador…

La enfermedad pareció darle tregua. Pero lo cogió a traición pocos días después. El lunes pasado ingresaba para subirse anoche a la guagua.

El día de ayer fue especial. Preguntaba por qué tanta gente había ido a verlo… como si no se sintiera merecedor de tanto cariño. Humilde y postrado en cama, parecía esperar una visita para descansar. Y así fue. Una gran lección de que por encima de las diferencias de criterios están las personas. El reencuentro entre dos amigos. El valor de la amistad. Y descansó. Su marcha fue como ese suspiro que le valió el sobrenombre de guerra. A su vera, su madre, su esposa, su hijo, su murga, su familia… Y la ternura del amigo fiel que facilita el último trance.

Al final descubres que “Suspi” tenía un último proyecto que no quiso desvelar a nadie sino hacerlo él: reunirnos a todos y poner en valor que por encima de los nombres o los caracteres está la amistad. Porque, como él dice, “la vida es un Carnaval, gilicuca”. Anécdotas, historias, broncas, alegrías… con él y de él que lo mantendrán vivo. El viaje con Pedro Mengíbar al Falla, sus almuerzos con Fernando Ballesteros, sus peleas con Fran por el disfraz, la complicidad con Nóbrega y su afán por hacer del Carnaval una asignatura, la mutua admiración con Manolo Peña, el cariño con su “hermano mayor” gaditano Agustín Rubiales. Momentos vividos con los compañeros de Bambones, con Fernando “Joroperos” para mejorar la romería de San Benito, o una de sus penúltimas alegrías, cuando Ramón Guimerá aceptó llevar la parte de documentación del Aula de Cultura…

Y de nuevo preguntaba ayer. ¿Por qué tanta gente viene hoy a verme? Y, como si se quisiera ir, le pidió ayuda a Fran para que lo incorporara… y subirse a la guagua.

“En el cielo habrá un gran Carnaval, y en el cielo las estrellas brillan como lentejuelas”… y ahí está ahora “Suspi” preparando ya el libreto, reviviendo tradiciones.

Gracias, “Suspi”, por sembrar mi vida de Carnaval.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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