Mamelucos se disfraza con crítica dura

Los de la Casa del Miedo cambiaron el registro de 2018 para sortear las comparaciones. El primero, con letra; el segundo, un intento de show.

 

Mamelucos intentó reinventarse este año para sortear la comparación con los SaryMamels. Apostaron por letra y una fiesta de Carnaval, que no dejaron claro que fueran indispensables en el pódium.

El primero, Un tema delicado, de crítica dura y argumentos denunciables.  Se mostraron dispuestos a aceptar por criticar el uso político que hizo Carlos Alonso, en su opinión, de la Virgen de Candelaria, cuando la nombró presidenta honoraria del Cabildo.Entre otras menciones, “viaje sin regreso” a la alcaldesa de Güímar por pedir el monumento de Franco para llevarlo a su ciudad.

Ya en el colmo de la demagogia se atrevieron a sentenciar: “Para traer un chiquillo y darle mala vida yo también abortaría”… Bajo el paraguas de temas delicado, dejaron atrás la moral. Y siguieron para responsabilizar a los representantes de las murgas infantiles de los problemas que padece y ponen a Mamelones “como ejemplo de gestión, pues llevan 40 años”. E intentan el más difícil todavía cuando denuncian que hay quien blanquea el dinero de la droga montando guachinches. Un tema tan delicado como delicadas eran sus opciones de repetir el primer premio de 2018.

En su segundo tema, Mamelucos ya tuvo mérito al reunir sobre el escenario, en su fiesta de Carnaval, a los diseñadores Juan Carlos Armas, Daniel Pages y Jorge González Santana con sus reinas –incluida Carmen Laura Lourido–. Previamente, metió en disfraces recortables a diferentes personajes. Mejor momento de la canción, cuanto le preguntan a Ana Oramas de qué va disfrazada y responde: “De tarifa reducida”. Ya en la recta final, se disfrazan de cura que no declara el cepillo; o camarero que debe tributar las gratificaciones… para concluir como bomberos, en tributo a los héroes de la residencia. El tema, más ambicioso en planteamiento que en resultado.

 

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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