Ragüel Chávez, presidente Trapaseros: “Me siento humillado. Teníamos el enemigo en casa”

Ragüel Chávez (Los Realejos, 1982), presidente de Trapaseros, sorprende por su claridad a la hora de analizar la descalificación de Trapaseros -por primera vez sin final al pasarse de tiempo en fase-. Se presenta: “Yo no soy murguero, soy Trapaseros y carnavalero. Vi una actuación de Trapaseros y me encantó. Para mí la murga más allá del ensayo, es un colectivo que compartes con tus amigos”. Se sumó a Trapaseros en 2003, siempre ha estado en la final y entre los premios de Interpretación.


¿Ser descalificados es la situación más difícil por la que ha pasado hasta ahora Trapaseros?
Desde luego, porque no tiene que ver con los momentos en los que una actuación no sale tan bien o el año del “Rey León”. O por comentarios o críticas que no son tan agradables como uno espera. Este ha sido el momento más difícil en Trapaseros por cómo se ha producido.

¿Se siente humillado?
Me siento humillado.

¿Pero por la organización que lo ha dejado fuera?
No, no, para nada. Me siento humillado porque no supimos entender que el enemigo estaba en casa.

¿Eso es verdad?
Llevamos un año de trabajo intenso, con muchísima ilusión, dinero gastado y tiempo invertido, y la persona encargada de timonear esto solo tenía que cortar a tiempo y marcar el ritmo. Y ni una cosa ni la otra.

Parece injusto ese comentario. Domi, en un momento determinado abandona la disciplina de Trapaseros. ¿Qué les hizo cambiar de opinión para que regresara?
Ahora te das cuenta de que las segundas partes nunca fueron buenas o que el ser humano es el único que tropieza dos veces en la misma piedra. Nosotros, en su momento, pensamos que era el momento de un cambio y que Juan Carlos era la persona adecuada, porque era sangre renovada y la murga tiene unas aspiraciones que él podría llevar a cabo con el equipo que habíamos montado. Desgraciadamente para Trapaseros, y afortunadamente para Juan Carlos, este año fue padre y no podía continuar al frente de la murga y dentro de la murga nos vimos en la tesitura de tener que buscar a alguien. No vimos a nadie, no por falta de capacidad, sino con el compromiso que precisa de estar en el día a día. Descartamos traer a alguien de fuera por lo que supone para Trapaseros, por su mentalidad y la forma de actuar, que es muy particular. Y pensamos que igual Domi podía volver a casa y hacerlo bien y… nos equivocamos.

¿Qué piensan cuando se enteran que Domi deja Trapaseros y se va a Triquis y luego a Diablos?
Nosotros apostamos por Juan Carlos en ese momento y por un cambio en la murga; cada uno lo puede interpretar como quiera.

¿Y tres años después cree que es un ajuste de cuentas sobre el escenario?
No quiero pensar en eso; me parecería demasiado rebuscado. Sinceramente llevo días intentando entender lo que pudo pasar. Yo estaba entre el público y veía cómo iba pasando el tiempo, como toda la plaza.

Pero cuando acaban el segundo tema les sobraba aún dos minutos para hacer la despedida.
Sí, y tenemos dos o tres versiones de la despedida, una de ella dura diez segundos. Con eso te digo que había varias opciones y estaba más que ensayado. Así que no entiendo qué le pasó por la cabeza, pero todo el público vio cómo él estaba fijo viendo el reloj y no fue capaz de llevar a cabo su cometido, que era simplemente parar la murga. Creo que es una cuestión de ego.

Y ahora, ¿qué?
Ahora a levantar la cabeza. Ya Domi no forma parte del colectivo desde el segundo uno que acabó la actuación por motivos obvios. Si algo bueno tiene Trapaseros es que se levanta ante la adversidad. Ya estamos pensando en 2019.

¿Cómo explicar que la murga que fundó y dirigió el propio Domi González decide prescindir de él?
Para mí lo que es duro es la humillación que sufrimos sobre el escenario -nosotros, componentes, afición…-. Lo otro no es duro, para nada; es la decisión que teníamos que tomar. Cuando un equipo no funciona, el primer damnificado es el entrenador. Quedó bastante claro que él no estaba a la altura de Trapaseros.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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