Redoblones, y van dos intentos

Al borde de la pasada medianoche, Javier, uno de los dos hermanos Lemus (el otro es Adán) que sueña desde hace dos años con hacer realidad la murga infantil Redoblones, confirmó el rumor que horas antes se había desatado en el mercado de La Salud y que rápidamente degeneró. Los niños no saldrán a concursar tampoco en febrero de 2013, y ya van dos intentos.

Redoblones ha vivido un día duro. Es tal vez el hasta luego de un sueño que este verano tomó cuerpo cuando incluso contaron con Lolo Tavío para que los ensayara. Pisaron las mismas tarimas que los grandes de Ni Pico-Ni Corto, que cumplen 40 años; más tarde también levantaron su sueño sobre el mismo suelo de Zeta-Zetas.

Ayer, su cita en el que ha sido su local de ensayo en las últimas semanas era crucial. Deberían si salían o no. Al final, la decisión fue categórica. La incertidumbre de la organización, que el próximo 10 de noviembre cerrará el plazo de inscripción y que hasta final de noviembre no dirán a quién admite, y los pocos recursos económicos y de tiempo han apagado el sueño de Redoblones.

Y tenían pasacalle, logotipo, componentes, letra y hasta montaje musical. Pero se impuso la realidad y se acabó el sueño que comenzó para muchos el pasado verano, si bien ya desde el año pasado empezó a tomar cuerpo.

Ya en el verano de 2011, Javier y Adán, este último segregado de la infantil Pita-Pitos, se plantearon sacar su propia murga infantil. Junto a la dificultar que supone en la actualidad un mínimo de 35 niños y cumplimentar todos los requisitos, el mundo de la crítica infantil en un universo cargado de envidias y zancadillas.

Comenzar un nuevo proyecto siempre es difícil, pero más si tus compañeros de viaje -rivales- se encargan de minar la moral. En las murgas infantil, algunos, tal vez demasiados, se han aburguesado. Los mayores poco piensan en los niños, a los que, por cierto, les transmiten sus malas relaciones con los responsables de otros colectivos.

El compañerismo los buenos deseos los relegan para las letras demagógicas. De resto, muchos convierten la comisión de fiesta en su confesionario particular donde depositan comentarios cuanto menos impertinentes y fruto de la envidia y la impotencia de quien es incapaz de seguir el paso a la gente que llega cargada de ilusión.

Algunas murgas infantiles entienden que si salen otras nuevas les resta componentes, cuando sus filas ya están bastante debilitadas, lo que no es falso. Pero no se plantean por qué se aburren sus componentes y no logran entusiasmar y cautivar a niños. No solo es cuestión de un cartón. Es cuestión de entrega y amor a la murga. En este caso infantil.

Los grupos críticos infantiles con más años y menos componentes quieren hacer valer su antigüedad en la fiesta y Fiestas se preocupa en contentar más que en organizar un espectáculo. Si no, ya hace tiempo que habría puesto la final infantil.

Al final, solo consiguen aburrir y cansar a quienes quieren emprender un nuevo proyecto.

¿Por qué espera tan tarde Fiestas a abrir el plazo de inscripción? ¿Por qué esa preocupación en que las murgas nuevas no le «roben» componentes a las viejas»?

Imaginemos que hace ocho años hubiera pensado que no se iban a dejar participar a murgas infantiles nuevas. Hoy no tendríamos a la mejor de todas: Distraídos. Eso se puede extrapolar en otras modalidades del Carnaval.

Para un servidor el cupo no tiene razón de ser. Cuantas más, mejor, estableciendo un proceso de selección previa y sin grandes ambiciones técnicas, del que luego se seleccionaría a diez, protagonistas de dos fases de cinco y una final con las mejores seis puntuadas.

Si el argumento es que son niños, más razón para que todos participen. Pero todos. Claro que los niños no votan y la mayoría de sus mayores no están afiliados aún.

Hasta 2014, Redoblones no será sino un sueño.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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