Reflexiones de un jurado descontento, por Pepe Moreno

Han pasado algunas horas desde que se produjo el fallo del jurado de murgas adultas de Santa Cruz de Tenerife y aún le doy vueltas al resultado final. No porque no lo comparta, o porque lo considere equivocado. Es más bien porque creo que votamos en un sentido y el público, en general, fue en otro. No quiero decir que no votáramos en conciencia, sino que la suma de las conciencias del jurado no dio el resultado que la mayoría esperaba.
Esta reflexión me genera incertidumbre y cierto desasosiego. ¿Es justo el resultado final de la votación? ¿Fue consecuente con lo que vimos en el escenario? ¿La suma de las votaciones es lo que realmente queríamos que sucediera?
Ninguno de los días de la votación discutimos o valoramos en conjunto qué habíamos visto, qué nos había llamado la atención. Simplemente nos sentamos ante la secretaria del jurado y del auxiliar que manejaba el portátil y volcamos nuestras apreciaciones. Nuestras valoraciones, más las de la actuación en la fases de clasificación, conformaron un fallo que dejó fuera del cuadro de honor a una murga femenina para la que muchos reclamaron un papel protagonista. Y comparto esa opinión. Por eso esta reflexión pública.
Llegamos y votamos. No debatimos. No analizamos que Diablos Locos cantó un tema, –el de los ciegos, sordos y mudos– en el que lo mismo muestra solidaridad que los critica. No supimos valorar lo difícil que es cantar mientras se come una palmera de hojaldre o una quesadilla del hierro como hicieron Las Triquikonas cuando entonaban su tema  “El gimnasio”. Pero, claro, ¿qué es más justo, volcar las votaciones o someterse a un debate en el que alguno podría influir sobre el modo de votar? ¿Es mejor apuntar tu voto según acaben en el escenario o que alguien te indique algunos de las reflexiones expresadas más arriba y que te influencien y condicionen tu voto?
Es la duda que tengo, porque lo intenté cuando supe el resultado final. Pedí al resto del jurado que reflexionáramos, porque me daba que no coincidía con lo que se esperaba en el exterior. Pero entre que se sumaban las votaciones de la fase previa, que nadie quería ser influenciado y que yo tampoco tengo madera de inducir ninguna conciencia, salió el resultado que hoy da como ganadores a Los Bambones, Diablos Locos y a Los Mamelucos, dejando a Las Triquikonas decepcionadas en el capítulo de reconocimientos.
¿Qué es más justo, la votación monda y lironda, o que en un debate alguien con dotes de convencimiento logre imponer sus criterios? ¿Es más justo ganar con una actuación memorable en la final o con la suma de lo que hizo en las dos ocasiones en las que estuvo en el escenario? Esas son las dudas que me asaltan y que no logro apartar de mi mente. Aún así me consuela aplicar el viejo dicho de las madres solteras: “A lo hecho, pecho”.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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