Santi Martel: «Si quieres hacerte un hueco entre las murgas buenas, tienes que ser diferente»

Nacido en Santa Cruz de Tenerife (1971), cree que su pasión por las chirigotas tiene alguna de relación con su apellido materno, con raíces en la Tacita de Plata. Tanta pasión y sin embargo nunca ha visita Cádiz.  Santi Martel se estrenó en el mundo de las murgas siendo ya adulto: Mamelucos, en 1990. De niño se apuntaba -como ocurrió con Los Piotinos, de Ramón Guimerá- pero al final la salud siempre se lo impedía.

De Mamelucos se fue y sacó a Quinquiñecos (1993), para volver a Mamelucos, luego se sumó a Chinchosos (1997), más tarde en Triqui (1998) y Guachi (2000), y regreso a Triqui. En el segundo año de Zeta-Zetas -2005- sale para más tarde hacer un parón de 10 años para regresar diez años después. Ese 2015 colaboró, con Javier Lemus, en “El Robot” y “Los inventores”. Se fraguó así el tándem de Lemus y Martel en las letras, donde nace la parte loca y creativa de Zeta Zeta, junto a la aportación “de un montón de gente”, advierte Santi.

Hijo del fotógrafo Santiago Martel, que fuera trabajador de la DISA. Autor de la revista oficial del Carnaval y también en Canarias Gráfica, se pasaba horas en su casa viendo las imágenes que revelaba y secaba su padre, identificando a los murgueros.

¿Quiénes son Javier Lemus y Santi Martel en Zeta-Zetas?
Somos los que le ponemos orden a las locuras. Por delante de nosotros pasan mil ideas locas, pero nosotros tenemos que pensar en cuál es la que se puede explotar más, que se le pueda poner letra y un principio y un final.

¿Qué prima en una letra de Zeta-Zetas: el argumento o el efecto?
Valoramos todo y que tenga un poco de cada. A veces el efecto es tan llamativo que nos planteamos asumir el reto y ver cómo explotar el argumento.

Antes de Zeta-Zetas, se le atribuía a Martel un estilo más chirigotero.
No dejo de reconocer que me apasiona Cádiz. Con el paso de los años me he quedado con su esencia; ahora mismo no me gusta hacer pasodobles.

¿Qué ha cambiado?
He aprendido a leer de otra manera a las chirigotas, las comparsas… e intento plasmar lo que está detrás, ha coger su verdadera esencia. Cuando hacen humor, sé por qué lo hacen. Cuando hay una crítica sencilla, descubrir el mensaje que hay detrás. Me gusta que haya algo que haga pensar a la gente, que no sea una crítica pura y dura.

¿Le gusta más las chirigotas que las murgas?
No, es una combinación. Cada una me atrae de una forma diferente. Las murgas son lo mío y es mi reto personal. Intento aprender de todas. De niño mi familia me decía que iba a hablar Enrique González (Fufa) por la tele para que yo no estuviera tan pendiente de la fiebre. Y salía Enrique al frente de la Ni Fú-Ni Fá, en el Coso. De las chirigotas admiro su sencillez.

¿Qué admira de las murgas?
De Bambones, por ejemplo, la calidad vocal, o la sencillez con las que Triquikonas hace humor. Cuando dicen que las murgas han perdido humor, siempre digo que no es fácil. Se puede hacer, pero que llegue al público no es fácil. Como dicen en Cádiz, quien hace humor es un valiente, porque si no llegas al público, no has hecho nada.

«Zeta-Zetas es la murga que trata de hacer cosas extrañas e innovar, que trata autoinventarse cada año»

¿Cuál es el estilo de Zeta-Zetas?
Es la murga que trata de hacer cosas extrañas e innovar; que trata autoinventarse cada año en función de locuras visuales, sonoras, en el atrezo. Pero buscamos llevar siempre el contrapeso de la crítica y el humor, que haya siempre un mensaje.

Pero con tanta técnica, ¿no peligra la murga tradicional que cantaba en la calle?
El riesgo está cuando solo haces un tema para un efecto. Siempre aceptamos un efecto es porque sirve para plasmar un tema. Ahí tiene el ejemplo de las pantallas, en la canción del “Teletransporter”. Javi quería hacer desaparecer a la murga; y a partir de ahí trabajamos, porque temíamos que la gente no se fijara en las pantallas. Tuvimos que aprender de la magia y jugamos con la distracción. Trabajamos mucho con sensaciones.

¿Este año volverán a sacar pantallas?
¿En ese estilo? No. Soy un admirador del uso de medios que sirvan de apoyo. No podemos hacer una letra para un efecto, sino que la letra apoye el efecto; que haya una simbiosis. A veces vienen ideas muy locas y guapas, pero luego las descartas cuando te preguntas qué puedes cantar con eso.

¿Cómo surgen esas ideas?
No había acabado el Carnaval pasado ya teníamos ideas para el siguiente. Algunas ideas las dejas aparcadas porque las ves muy verdes y luego las retomas. Ahora no me preocupan ya las ideas de 2018, sino encontrar las de 2019 (se ríe). La semana del concurso ya estoy maquinando para el siguiente. También veo el concurso de Cádiz, que me hace en pensar cómo decir las cosas de otra manera. Tanto allí como aquí he visto cosas muy mágicas y que escribe genial.

¿Qué le gusta en la murga?
Yo valoro los repertorios entre el “bien” y el “me gusta”. Me preguntan compañeros de otras murgas, qué me pareció su actuación, y yo respondo que lo hicieron bien, otra cosa es que se puede hacer bien y no gustarme. (Se ríe). Soy muy exigente y quiero algo que me asombre y me haga pensar diferente.

«Las murgas siempre están en transición. Hay año que parece que se estancan y sin embargo se está gestado un giro para la siguiente edición»

¿Gozan de buena salud las murgas?
Están como siempre. Las murgas siempre están en transición, van cambiando. Hay cosas que son una maravilla de escuchar; otros años parece que se estancan y realmente se está gestando un giro para la siguiente edición. De todos los concursos siempre aprendes cosas, hay algo rescatable.

¿Ha bajado la calidad?
No, ha cambiado, como cuando se dijo que se demandaba más humor.

¿Se ha perdido letra en favor del espectáculo?
Ya no es por la letra. Las murgas, vocalmente, cada vez mejoran más, pero eso no ayuda al humor, que necesita de mucha sencillez vocal. El humor tiene el riesgo de hacer el ridículo si no llega, y si ocurre eso provoca desazón y que quien escribe se decante por la crítica.

Pero ustedes prefieren el espectáculo.
Nosotros nos arriesgamos e intentamos hacer humor en una apuesta visual; es lo que admiro. Quien hace humor es un valiente; es más sencilla la crítica.

«Los ciclos no se acaban, sino que comienzan otros. Son estilos que nacen y crecen»

¿Se ha acabado un ciclo?
Los ciclos no se acaban, sino que comienzan otros. Son estilos que crecen y nacen.

El primer premio de 2017 de usted, ¿fue una casualidad?
Para mí las casualidades no existen. Existe un trabajo y en febrero se dieron todos los factores para que ganara Zeta-Zetas. Hizo algo tan deslumbrante que fue lo que gustó.

¿Y Zeta-Zetas 2018 están por arriba de la murga de 2017?
Eso lo dice el tiempo. Que sea mejor o peor lo dirá si todo se plasma como lo queremos. Zeta-Zetas conlleva un riesgo diferente; que los efectos y las cositas que hagamos están bien logrados. Es un riesgo que corremos, y nos gusta.

«No puedes hacer lo mismo que otras murgas, porque en eso ellas son las mejores. Tienes que hacer girar la cabeza a la gente porque esperan algo de ti»

¿Han dejado de ser la marca blanca de Bambones?
Se decía que era… Tal vez era una mezcla por lo que se decía, por el sonido que emitía entonces la murga. Y encima si el argumento se parecía a los de Bambones. Cuando me incorporé en 2015 se lo dije a Javi. Si quieres hacerte un hueco entre las buenas o las mejores, tienes que ser diferente. No puedes hacer lo mismo que las otras, porque en eso ellas son las mejores. Tienes que hacer girar a la gente la cabeza cuando te nombran porque esperan algo de ti.

¿Se pueden agotar los efectos que usa Zeta-Zetas?
Eso pasa como con los temas; unos gustan más y otros menos.

¿Van a sorprender este año?
Es lo que tratamos, el lograrlo es lo difícil.

¿Cuáles serán los temas más recurrentes en los repertorios?
Depende de cuándo lo preguntes. Si lo hacen en verano, te digo que las microalgas; si la cuestión te la plantean en octubre, los presupuestos o Cataluña…

¿Le falta actualidad a las murgas? ¿Van muy enlatadas?
Si y no. Eso depende de la murga. Si todas las murgas cantáramos actualidad, chocaríamos. Cada una tiene que hacer lo que quiera.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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