Vuelve Félix Padilla, el director que resucitó a los Triquis

Félix Padilla encontró a Roldán en un convento en 1995 y sacó a la Tribu del ostracismo. Allí estuvo hasta 2002. Regresa como letrista. Su objetivo: pasarlo bien

“La murga no es solo crítica; se hizo para hacer lo que te dé la gana”

Félix Padilla (Santa Cruz, 1970) ha formado parte de las murgas de mayor renombre (Chinchosos, Triqui, Ni Pico, Singuangos, Mamelucos y Bambones), y a punto estuvo de fichar por Diablos, pero se sumó a la Casa del Miedo por desesperado. Aún así, advierte: “No soy un trotamurgas; solo un amante de las murgas”.

Con solo 13 años entró en la infantil Mamelones, donde estuvo dos ediciones. Luego hizo una incursión en la agrupación A su Aire y se estrenó en adultas con Chinchosos (1988), como componente fundador.Ahí conoció a Paco Padilla, Alexis Hdez, Benito Cabrera… “No tenía la popularidad de ahora; fue una etapa muy bonita”. “Salíamos de ensayar a las dos de la mañana. ¡Qué bien ahora, que todos se quieren ir a las once!”.

En 1991 se incorpora a la infantil Melositos, que dirigió dos años. Ahí conoció a Cristo, quien antes del Carnaval 1995 le dijo que iba a salir en Triqui-Traques y que estaban buscando gente. Así se fraguó su desembarco en la Tribu, con la sociedad en una crisis existencial. Inventó la canción de las monjas (“Sor-presa”), en la que encontró a Luis Roldán escondido en el convento y reventó la plaza de España. Carcajadas y primer premio, viniendo de la nada. Estuvo vinculado hasta 2002. Siempre de director, salvo en 2000, cuando Pedro Mengíbar asumió la batuta. Año sabático y se sumó a Singuangos (2004), luego a Ni Pico (2005-2012), incursión en Mamelucos y después Bambones (2015-2017), al margen de colaborar con otras, como las infantiles Guachi o Trastocados. Hizo el repertorio de Trinkosos (La Orotava) en su estreno y los llevó a la final del Norte, y fue fundador y letrista de Chacho Tú, en Las Palmas.


Recuerda la conversación con sus amigos de la placita de Santiago Apóstol, en La Salud, antes del Carnaval 1995: Fran Bermúdez, Miguelito, Aridane, los componentes de Soul Sanet… “Arrastré hasta con gente que no pensé”.

Félix Padilla es claro y hasta irreverente para algunos puristas: “La murga no es solo crítica. La murga se hizo para hacer lo que te dé la gana”. Define su estilo como de humor de doble sentido. ¿Cacofónico?, no, más de ironía. “Mis letras no se escuchan porque en aquella época no había youtube”, se lamenta. En el retorno a Triquis, que coincide con el de Francis Trujillo, persigue hacer algo diferente, como hace 24 años. Quieren recuperar aquella filosofía, una identidad que se ha ido perdiendo: “Alabada por unos y criticada por otros”. “Quiero recuperar la imagen y el estilo de Triqui. Hay mucha gente a la que ha decepcionado la murga estos años y aún así tiene muchos seguidores”, dice.

Cuando se le pregunta por cuáles son los Madrid y Barça del género en la actualidad, identifica a Mamelucos yZeta-Zetas, pero recuerda la época de oro de Bambones y Diablos, o también de Triquis, y antes Singuangos.

“Me llamaron para ayudar y vuelvo porque los veo animados y con ganas. Me apasionan los retos, aunque estoy en blanco. ¿Mi objetivo? Que la gente se ría y se lo pase bien, lo demás viene solo. A diferencia de 1995, ahora sabemos qué le gusta de Triqui. Hacer reír está claro que no es fácil, porque si así fuera, todos apostarían por esa fórmula”, explica. “El día que las murgas se estanquen en un estilo, mal asunto”, advierte.

De nuevo, sale su lado transgresor cuando habla de su modelo de concurso ideal: “Fases con dos canciones, y el mismo número de murgas finalistas que ahora –ocho–, pero que solamente canten una canción”. Y hasta abriría las puertas no solo a grupos de toda Tenerife, sino de Canarias. “Hay murgas del Norte y de Las Palmas que tienen un gran nivel para participar en Santa Cruz. Y hay murgas de Santa Cruz que no tienen tanto nivel, aunque todas son respetables”, sentencia.

Hgonar

Acerca de Humberto Gonar

Murguero frustrado, buitre leonado, lengua trapo... son algunos de los epítetos con los que los colectivos críticos han definido a quien desde 1990 lleva vinculado oficialmente con el mundo de la información de Carnaval, a través de las páginas del periódico EL DÍA. Él se define como un murguero disfrazado de ajuntaletras.

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